• La teleco vasca está llamada al desguace.
  • Ni Endesa ni Iberdrola quieren acudir a una ampliación de capital para hacer frente a la deuda con Orange.
  • Y encima, tienen que comprar la red al Gobierno vasco.
  • Además, Mario Fernández, presidente de Kutxabank, quiere desligar definitivamente la entidad de Euskaltel.
  • Y, lógicamente, Telefónica se niega a adquirirla.
  • Al final, quedará en manos el capital riesgo, que la troceará para hacer caja.

El problema de Euskaltel es que no tiene solución. Se encamina, casi sin remedio, hacia el desguace, desde que se la condenó a pagar una multa de 222 millones de euros a Orange. Es lo que gana la compañía en seis años normales, no de crisis profunda. El caso es que Iberdrola (11,85%) y Endesa (10,64%) se niegan a aportar más dinero, sobre todo si es para pagar 222 millones de euros a Orange en concepto de indemnización. Pero es que tampoco están dispuestos a poner más dinero, aunque la finalidad sea desinvertir más adelante.

Por otra parte, Mario Fernández, presidente de Kutxabank, aspira a desligar completamente la entidad financiera de la teleco. Y no es tarea fácil: actualmente es el accionista mayoritario, con el 67,93%. Además, la cosa se complica con unas elecciones vascas a la vuelta de la esquina.

Otro punto conflictivo es la red de fibra óptica que, hoy por hoy, es del Gobierno vasco, esto es, pública, esto es, pagada por todos los vascos. El caso es que un cambio en el Gobierno autonómico podría suponer una modificación de las condiciones para su explotación. Cambio de Ejecutivo que, según parece, es más que probable, a favor de los nacionalistas.

Y ahí es donde entran en acción los fondos de capital riesgo, porque, lógicamente, Telefónica no está interesada en la teleco. Pues bien, parece ser que ya hay cuatro ofertas encima de la mesa del presidente, Alberto García Erauzkin (en la imagen): las de Apax Partners, CVC Capital Partners, Carlyle y Trilaantic. Los cuatro fondos han valorado la empresa en unos 800 millones de euros. Pero ya conocemos lo que hace el capital riesgo en estos casos: trocear la compañía para sacar el máximo jugo posible. Y si, encima, en el lote están incluidos los más de 1.000 kilómetros de cables, mejor que mejor.

Pablo Ferrer
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