El afamado doctor Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal norteamericana (en la imagen), ha prescrito morfina al enfermo, la economía norteamericana, y de paso, ha echado una mano al presidente Obama ante las elecciones de noviembre.

Recuerden que Estados Unidos se está volviendo progre pero aún queda sentido común en la población estadounidense. Obama ganará las elecciones siempre que la economía se reactive y el desempleo, aún en cotas históricas, descienda. Por tanto, ha decidido darle a la máquina de hacer dinero.

Mientras tanto, el patético presidente del BCE, su colega a este lado del Atlántico, Mario Draghi, asegura que su promesa de intervenir en el mercado ha provocado que se reduzca la prima de riesgo española e italiana y que suba la bolsa. No hombre no, don Mario, lo que ha provocado eso no ha sido su promesa, sino la realidad de Bernanke, que no ha prometido: ha actuado.

Ahora bien, parte del dinero que Bernanke ha lanzado a este océano de liquidez en el que se ha convertido el mundo -sí, liquidez mal repartida, pero de humedades hablaremos luego- se dedicará a comprar títulos hipotecarios. ¿Se acuerdan de las subprime, aquellas maravillosas titulizaciones de hipotecas basura, mera especulación financiera, que desató la crisis financiera actual? Pues hasta eso compra Bernanke.

Quiero decir... inyectar liquidez en el mercado es inyectar dinero ficticio, no producto del ahorro y de la actividad económica sino de la máquina de fabricar fondos. Probablemente hoy sea una buena noticia pero pasado mañana será el germen de una nueva crisis: la crisis permanente por especulación financiera. Fabricar dinero es como la morfina: alivia el dolor del enfermo pero le acorta la vida.

Pero no se apuren: la diferencia entre EEUU y Europa consiste en que Estados Unidos alimente a la bestia del mercado financiero mientras Europa no alimenta ni a la bestia ni a sus víctimas. El problema, made in Europa, no es que no tome decisiones, es que ni tan siquiera cumple las que toma.

En el Consejo Europeo de Junio se habló de comprar deuda periférica para comprar el euro: no se hizo. En el Ecofin de ahora mismo, en Chipre, el inefable ministro de Finanzas Wolfgang Schäuble retrasa, porque sí, algo tan acordado, pactado, ratificado y manoseado como el rescate bancario.

La alianza entre políticos e intermediarios financieros continúa.

Eulogio López

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