Decíamos el pasado jueves que la batalla final será batalla eucarística. Y decíamos el pasado viernes que las profanaciones son tan habituales que ya ni las percibimos.

Todo esto dentro del ya polémico Sínodo de la Familia, a celebrar en octubre. Polémico porque en el Consistorio previo, mes de febrero, el cardenal Kasper abrió la posibilidad de otorgar la comunión a los divorciados y vueltos a casar. Ahí fue Troya porque muchos compañeros suyos, obispos y cardenales, arremetieron contra el cardenal Walter Kasper. En España, el sacerdote Santiago Martín, fundador de los Franciscanos de María, ha impartido una conferencia donde, directamente, habla de peligro de cisma en la Iglesia. : "Veo en el horizonte, como nunca en 2.000 años de historia del cristianismo, la posibilidad real de un cisma de incalculables consecuencias". Les aconsejo su visionado: deja las cosas muy claritas.   

La comunión a los divorciados que viven en situación irregular no es una cuestión menor, como no lo es ninguna cuestión referida al gran regalo de Dios a los hombres.

Pongo como ejemplo a un santo de moda: San Francisco de Asís (en la imagen), el nombre que ha querido elegir el actual Papa como modelo de su pontificado. Es el santo más popular de toda la historia de la Iglesia, el hombre que se casó con la "dama pobreza" y que, incluso, a muchos católicos de nuestros días les parece un 'exagerado'. Quiero decir que un personaje que vivía de la limosna y que cuando le ofrecían un alimento suculento llegaba a echarle ceniza para empeorar su sabor, un fraile que renegaba de todo tipo de propiedad y que provocó la división en su propia orden por lo elevado de sus exigencias, era el mismo que no reparaba en gastos cuando se trataba de la eucaristía: si había que consagrar con un cáliz de oro mejor que con uno de plata. Riqueza, sólo para el Dios anonadado en un pedazo de pan y unas gotas de vino. 

Cómo no, ha sido Chesterton el pensador que, en mi humilde opinión, más ha profundizado en el espíritu de San Francisco, en su formidable biografía sobre el 'ecologista' hombre medieval. Entre otras aportaciones, el periodista británico se refiere al Santo de Asís como un personaje más preocupado por los débiles que por los pobres. En efecto, la pobreza no es más que uno de los elementos de la debilidad, pero no el único y quizás no el más importante.

Pues bien, toda la polémica sobre la comunión a los divorciados pivota sobre esa distinción entre la protección particular al pobre y la protección general al débil. Quiero decir, que no existe mayor debilidad que la del anonadamiento de Cristo en la Eucaristía. Nadie más débil y más necesitado de cariño que un creador que se abandona en manos de los hombres, en el milagro eucarístico cotidiano. El Dios encarnado y pan y vino es el ser más poderoso y el más débil del mundo.

Una vez que se entiende esto, la conclusión del Sínodo de Octubre cae por sí sola. Y esperemos que caiga de pie, porque nos encontramos ante la batalla final, la batalla eucarística.

Eulogio López

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