Algunos compañeros de la peña periodística me reprochan mi artículo del pasado viernes: muy pro-Botín me ven, en las veleidades fiscales del banquero cántabro. Y tienen razón.

No es lo mismo escribir una crónica que leerla, así que he llegado a la conclusión de que tiene razón. Se me fue la mano. Quiero decir, es cierto que la labor de la Agencia Tributaria y la Fiscalía le han clavado una puñalada a Botín. Que la inspección fiscal asegura que no le da tiempo a comprobar una regularización fiscal y que por eso la remite a la Fiscalía es cosa de mucho reír: ¿Para qué les pagan, entonces? Además, demuestra que el ejecutivo Zapatero, o algún funcionario especialmente rojo, pretendía darle una bofetada a los Botín, porque sólo se entiende tamaña barbaridad sino por ganas de darle una toba al rico.

Pero mis colegas tienen razón. En efecto, Emilio Botín puede decir, con ese salero con el que les ha dotado la madre naturaleza, que "está bien regularizar", pero sólo regulariza quien antes ha defraudado, evadido o eludido al Fisco. Y por una curiosa cantidad de 10.000 millones de euros. Además, no lo hizo por gusto sino porque trascendieron los nombres de los españoles implicados en evasión fiscal a través del HSBC. Curiosamente sólo trascendió el de Botín.

En cualquier caso, que el presidente del mayor banco del país regularice su situación fiscal después de lustros al mando del Santander, hombre, pues qué quieren que les diga. No contribuye al prestigio de la banca española.

Eulogio López

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