La telebasura vino de la mano de Gran Hermano, un famoso reality show donde una tropa de participantes coexisten en una mansión, incomunicados y con filmadoras observándolos las 24 horas de cada jornada.

Deberán superar las destituciones que la audiencia sentencie y así lograr la recompensa final. El bodrio televisivo fue fundado por el neerlandés John de Mol. El prototipo de Gran Hermano apareció en 1997, durante una reunión brainstorm en la productora del holandés. Fue transmitido por primera vez en Holanda en el año 1999, siendo más tarde adaptado en más de 70 países.

Había llegado la soez y vejatoria televisión basura. Gran Hermano ha muerto junto a su conductora Mercedes Milá, precisamente, tras mostrar, al gran público, sus bragas.

Por otra parte, la telerrealidad, promovida en Norteamérica con el "Real World" de la cadena MTV, ha zanjado el menú de diversión. La desfachatez, la intromisión en la vida privada y la ironía déspota y patética son frecuentes. La Federación de Asociaciones de Telespectadores asevera que, las series acusadas de telebasura, son "un cáncer cuya metástasis, tiende a invadirlo todo".

Es evidente que el medio televisivo camina hacia el mal gusto, la vulgaridad, la ordinariez y la mediocridad. La violencia, el sexo, el morbo por la vida privada, la falta de los más elementales valores morales, éticos o sociales. Todo ello fundamentado con un solo objetivo: la búsqueda, cada vez más radicalizada, de la rentabilidad. Sólo importa aumentar la audiencia.

Los anhelos primarios de la televisión deben ser: informar, enseñar y recrear. Es necesario eliminar de las parrillas la telebasura violenta y erótica, que puede ofuscar a los televidentes más jóvenes. La televisión basura es un problema más grave que la del terrorismo o las drogas.

No podemos consentir que se produzca la aseveración de Félix Lope de Vega y Carpio, uno de los más importantes poetas y dramaturgos del Siglo de Oro: "Si el vulgo es necio, es justo hablarle en necio para darle gusto".

Clemente Ferrer
[email protected]