Esta vez el vicepresidente de los Estados Unidos y candidato a la relección por el Partido Demócrata, no ha aparecido con un rosario en sus manos ni nos ha recordado que es devoto de la Virgen de Guadalupe, casualmente patrona de México y de la Hispanidad.

No sé quién ha ganado el debate pero me acojo a la discusión sobre el aborto. El republicano Paul Ryan se ha mostrado contrario a todo tipo de aborto porque lo considera un asesinato contra un ser indefenso. La lectura de, por ejemplo, la televisión española, ha sido inmediata: el amigo Lorenzo Milá nos ha informado de que Biden es más moderado y de que Ryan se vio forzado a explicar sus "contradicciones" sobre el aborto. ¿Contradicciones?

En el debate, el hombre del rosario nos explicó que era católico y creía en el dogma, pero que no podía imponer sus ideas provida a otros. El poderoso vicepresidente ha vuelto a repetir el error de la católica Geraldine Ferraro, aspirante a la vicepresidencia, quien dijo exactamente lo mismo durante la campaña que enfrentó a Walter Mondale con Ronald Reagan (1984).

El New York Times, abortista, le respondió que muchas gracias pero que ese argumento no servía. Es, asegura el editor, como si usted dijera "personalmente estoy contra la esclavitud pero no puede imponer a otros mis ideas".

Mire usted, señor Biden, el peor político es el católico incoherente.

Eulogio López

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