La vicepresidenta del Gobierno, Elena Salgado, y el presidente del Partido Nacionalista Vasco, Íñigo Urkullu han pactado otros 5.000 milloncejos de euros en ayudas (al 7,85%) para capitalizar -aunque no tengan capital, al menos las que siguen siendo entidades mutuales- las cajas de ahorros.

Urkullu anhela el gran banco vasco, y para ello precisa fusionar las tres entidades de ahorros vascas (BBK, Vital y Kutxa), convenientemente controladas por el PNV, que es de lo que se trata.

Y claro, no será el Gobierno Zapatero quien le niegue nada a un partido clave para mantener la mayoría que le permita agotar la legislatura. Si fuera necesario, se le concedería a Sabino Arana la Gran Cruz de Isabel la Católica a título someramente póstumo.

Pero dejando a un lado que para despolitizar las cajas de ahorros se las convierta en bancos ultrapolitizados y capitalizados con dinero público, el método para potenciar bancos en crisis no puede resultar más alarmante.

Dicho de otra forma: ¿por qué hay que capitalizar las entidades? Donde se ve una buena gestión bancaria no es en el capital, sino en la morosidad. Los bancos son entidades que cogen dinero con la mano izquierda y lo prestan con la derecha. Si se les devuelven capital e intereses el banco va bien.

Por tanto, si se quiere sanear un sector no hay que proporcionarle dinero público para capitalizarse. Eso es lo que han hecho los gobiernos estadounidenses, británicos, suizos, holandés, alemán, etc. Es decir, han hecho que los pobres financien a los ricos. Luego hemos inventado las capitalizaciones internacionales, los famosos rescates, con Grecia e Irlanda, es decir, que todos los contribuyentes financien a los bancos su mala gestión bancaria. Por eso, la crisis financiera continúa.

La lógica, y la justicia, imponen que lo que hay que hacer es algo bien distinto. Es decir, lo que ha venido haciendo, hasta ahora, el Banco de España: exigir a las entidades que provisionen su mora y deberían alargar el sistema hasta llegar a la terapia definitiva: nada de ayudas públicas, el que no tenga provisiones suficientes que aflore sus pérdidas y, si tiene que quebrar, que quiebre. El Estado sólo debe preocuparse ahí de satisfacer al ahorrador, no al inversor.

El FROB simplemente no debería existir. Si un banco está quebrado debe quebrar y si no quiere quebrar que se busque dinero él solito, y no comprometa a los contribuyentes. La reforma financiera consiste en eso, no en paliar la mala gestión de banqueros irresponsables.

Eulogio López

[email protected]