Sin duda, a la progre, blasfema y cada vez más cara Netflix le faltan ideas en contenidos y principios, al tiempo que insiste en subir los precios una vez más. Todo le vale con tal de crecer en suscriptores y resultados, a pesar de que ya tiene la posición de dominio en el negocio del streaming y resiste la elevada competencia. Eso sí, en bolsa, aún no logra recuperar el terreno perdido en los últimos seis meses (+16,4%) con el culebrón de la puja por ‘Warner Bros. Discovery’ (WBD), y eso que su cotización acumula una revalorización del 10,75% en el último año y del 12% en lo que va de 2026.

Tras retirarse de la citada puja, la plataforma que dirige el progre Reed Hastings se ha desquitado con la compra de InterPositive, compañía que aplica herramientas de Inteligencia Artificial (IA) al cine y que fundó el actor, director, guionista y productor estadounidense Ben Affleck en 2022. También ha anunciado que quiere destinar 20.000 millones de dólares a producir películas y series ‘de calidad’, ¡ay madre! Ya saben que Netflix continúa sin renunciar al último meneo ideológico del Nuevo Orden Mundial (NOM) y de la progresía, la ideología woke, que surgió en su día para referir el racismo de EEUU hacia los afrodescendientes, pero que hoy abarca mucho más: ideología de género, ateísmo, lo políticamente correcto, la corrupción de menores (como llaman en Vox, por ejemplo, Santiago Abascal y Carla Toscano, a un proceso que no sólo supone adoctrinamiento) y la cristofobia. De hecho, Netflix acaba de volver a insultar a los cristianos, algo que no se atreve a hacer con los musulmanes.

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La progre y blasfema plataforma de streaming fue fundada por Reed Hastings y Marc Randolph en agosto de 1997, como una especie de videoclub que ofrecía un servicio por suscripción que enviaba los DVD sin fechas de devolución ni cargos por demora. Dos años después, Randolph cedió el cargo director ejecutivo a Hastings y se concentró en el desarrollo de productos, hasta que la compañía salió a bolsa en 2002… y Hastings le despidió llegando a exponer sus debilidades. Este último se mantiene al mando, aunque pasó de CEO a presidente ejecutivo el 19 de enero de 2023, dejando así más la labor del día a día en manos de dos CEOs (Ted Sarandos y Greg Peters) y en línea con lo que ya apuntó en 2014: “Me enorgullece tomar la menor cantidad de decisiones posible”. Además, también presume de dar mucha libertad a sus empleados. 

Como a otras plataformas y gigantes del mundo audiovisual, le faltan ideas... y la penúltima muestra se ha visto con el anuncio de la tercera temporada de la serie Miércoles, con la que seguirá estirando con éxito a dicho personaje de la familia Addams; y también ha sabido exprimir otras exitosas series (El juego del calamar Stranger Things, entre otras muchas) con diversas temporadas. Respecto a los principios, conviene recordar que en 2019 Netflix no tuvo el más mínimo reparo en chantajear al Estado de Georgia, hablando de reconsiderar su inversión si entraba en vigor una ley que restringía el aborto -la conocida como ley del "latido del corazón", que prohíbe interrumpir el embarazo después de las seis semanas de gestación-.También forma parte del grupo de multinacionales que financian abortos al pagar gastos de viaje a empleadas para abortar y cabe recordar la propuesta de comerse un “feto en líquido amniótico”, un plato del cocinero Andoni Luis Aduriz, que tenía apoyo del Gobierno Sánchez y de Netflix. Hastings declaró su apoyo a la candidata demócrata Kamala Harris, que al final acabó perdiendo en las elecciones de noviembre de 2024 ante Donald Trump. Con la vuelta de este último a la Casa Blanca el 20 de enero de 2025 -que supuso la revolución del sentido común: Dios vuelve a entrar en el relato... y recordó lo evidente, como que únicamente hay dos sexos (hombre y mujer)-, y también por razones económicas, muchas empresas han renunciado a la ideología woke (McDonald’s, Disney, Toyota, Ford, Harley-Davidson, Walmart, Jack Daniel’s y John Deere son algunos ejemplos) e incluso progres como Jeff Bezos no han dudado en acercarse al político republicano, pero ni Netflix ni Hastings han hecho ninguno de estos movimientos. 

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La plataforma de streaming con sede en Los Gatos (estado de California) apostó por la serie mexicana El secreto del río para promover la ideología de género y la agenda woke. Su trama se centra en la amistad entre dos niños, Manuel y Erik, quienes descubren un oscuro secreto que ha permanecido oculto durante generaciones… y se hace un enfoque en el pueblo indígena zapoteca. En concreto, en las muxes, personas que son asignadas al sexo masculino al nacer, pero que asumen roles de género que tradicionalmente se consideran femeninos, pero no se trata de personas trans sino que son reconocidas como un tercer género. ¡Prrrr! Tampoco ha dejado de apostar por el adoctrinamiento de niños a través de los contenidos animados, como se pudo ver al mostrar un niño con tutú, tiara y papis homosexuales en Calle Cocomelon; o un bisonte no binario en Ridley Jones, la guardiana del museo.

Al mismo tiempo, en algunas ocasiones mezcla adoctrinamiento y burla de los católicos, como en el mensaje ‘No creo en Jesús’ en vídeos infantiles o en la película That Christmas (Aquella Navidad). En esta última tildó a Jesucristo de un tipo un poco hípster que hoy no contaría su historia (la cual se narra en la Biblia) tal cual ocurrió sino como un festival divertido, multicultural y vegetariano; y hasta se veía cómo se pastoreaban verduras en lugar de animales, a tres mujeres sabias y no a los Reyes Magos, a la Virgen María cantando una canción de Madonna sobre la decisión de abortar o no, y a una sandía emulando el embarazo y luego al niño Jesús como si este fuera abortado. 

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En paralelo, Netflix también ha sido protagonista de polémicas, como cuando canceló la película Sonido de libertad que carga contra la trata de niños; recibió críticas de Georgia Meloni, primera ministro de Italia, por su promoción de la droga; pinchó con La reina Cleopatra afrodescendiente; o reescribió un crimen cometido por un adolescente afrodescendiente, con un actor de raza blanca. En los últimos años, como otras plataformas, se ha lanzado a sacar tajada del morbo que generan los crímenes reales (por ejemplo, con El caso AsuntaHomicidio: Los Ángeles o El cuerpo en llamas) e incluso se ha atrevido a contribuir al blanqueamiento de la banda terrorista ETA al incluir en su catálogo No me llame Ternera (documental de Jordi Évole donde entrevista al etarra Josu Ternera) y ha lanzado un documental sobre ‘La Manada’

Unos principios con los que Netflix tiene demasiadas coincidencias con el progre y cristófobo Pedro Sánchez... Por eso, cuando lleva más de diez años de presencia en España, quiere seguir invirtiendo aquí, en concreto, 1.000 millones de euros hasta 2028.