No sé sabe si porque los integrantes de la industria cinematográfica de Hollywood tiene claro de qué viven o si porque temen al presidente Donald Trump, el caso es que en la 98ª ceremonia de los Oscar, celebrada esta madrugada (hora española), en contra de lo esperado, ha habido pocas menciones a la guerra salvo por parte de nuestro compatriota Javier Bardem, y la Gala se ha centrado en el Séptimo arte, a pesar de que, seamos sinceros, la mayoría de las estrellas de Hollywood son afines al Partido Demócrata, muy crítico con el presidente republicano.
En cuanto a los galardones no ha habido muchas sorpresas sobre un año, el 2025, que no pasará a la historia del cine por haberse estrenado títulos memorables estadounidenses. Las que se postulaban como favoritas en nominaciones Los pecadores (16 nominaciones ) y Una batalla tras otra (13) se han repartido las estatuillas más importantes. Dos películas de calidad dudosa que ya nos describe el mediocre año, cinematográficamente hablando, que ha sido el 2025, en EEUU.La gran ganadora, puesto que se ha llevado a mejor película, mejor director y mejor guión adaptado, entre otras, ha sido Una batalla tras otra, del director Paul Thomas Anderson, quien toma elementos, a su manera, de la novela Vineland, de Thomas Pynchon, que describía los movimientos de un grupo radical de los años 60, pero adaptándolo a la actualidad y que cuenta con los treinta primeros minutos de metraje que pueden llevarse un sobresaliente en cuanto a sordidez.
En cuanto a Sinners (Los pecadores) un film, dirigido por Ryan Coogler, conocido por su éxito de taquilla en las sagas de Black Panther y Creed, que aquí da un salto mortal para hacer un mix de géneros donde hay elementos fantásticos, de terror, de cine noir etc…siguiendo las visicitudes de dos hermanos gemelos negros. Un batiburrillo que en EEUU tuvo una gran taquilla debido, se supone, al apoyo del público de color que no se ha repetido en nuestro país. Ambas son películas que podemos calificar de erráticas en mensaje y en guión, cinematográficamente hablando.
A su lado la película elegante, sensible y bien narrada de Hamnet un relato que habla de amor y de pérdida, sobre unos acontecimientos que inspiraron la creación de una de las obras maestras de William Shakespeare: Hamlet, solo ha con seguido un premio, en concreto por la actuación de la versátil intérprete británica Jessie Buckley, Óscar a Mejor actriz, tras haber conseguido el Bafta y también el Globo de Oro.
Que los Oscar han dejado al lado la faceta antibélica, insistimos salvo por nuestro ínclito Javier Bardem que portaba dos pegativas de “No a la guerra” y “Palestina libre”, se demuestra en que en la categoría de Mejor película internacional parecía que la entrega de este premio por parte del intérprete español podía estar relacionado con que figuraba entre las nominadas la española Sirat y la reivindicativa La voz de Hind, que reconstruye las últimas horas de una niña en la franja de Gaza, que se ha articulado a través de sus llamadas reales al servicio de emergencias para que le salvaran la vida, cuando se encontraba en un coche ametrallado rodeado de parientes muertos. Al final este premio se lo ha llevado merecidamente la magnífica película noruega Valor sentimental.
Uno de los grandes derrotados de esta noche ha sido Thimothée Chalamet, sin duda una estrella a pesar de su juventud, por su agotadora interpretación en Marty Supreme, donde encarna a un descontento pasante de apuestas cuya pasión es el tenis de mesa (el ping-pong) donde llegó a representar a Estados Unidos en torneos mundiales, al que le ha arrebatado la estatuilla Michael B. Jordan por su trabajo en Los pecadores.
Lo más bonito, el emotivo momento de recuerdo de Barbra Streisand a su gran amigo fallecido Robert Redford y el obituario al asesinado director Rob Reiner, al que muchos cinéfilos siempre le estaremos agradecidos, entre otras, por dos películas memorables: La princesa prometida y Cuenta conmigo.










