
JUCIL, la asociación mayoritaria de la Guardia Civil, ha denunciado las condiciones de insalubridad a las que se enfrentan los agentes en las dependencias en las que trabajan, dentro del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas.
Según JUCIL, los agentes se ven obligados a trabajar en un entorno "insalubre" que representa un riesgo no solo para los guardias civiles, sino también para el resto de trabajadores y los miles de pasajeros y acompañantes que transitan por la terminal. En la zona de recogida de equipajes se han avistado ratas corriendo a sus anchas y en los lugares habilitados como oficinas para la Guardia Civil han tenido que convivir con roedores muertos. Aun así, los restos de sangre persisten en sillas y paredes casi un mes después de haber sido retirados los cuerpos de los animales.
Este problema de limpieza en las dependencias del aeródromo de la Benemérita no es un hecho aislado, sino una constante en todos los lugares de trabajo de los agentes en Comunidad de Madrid.
"Lo último que faltaba es que, además de ganar menos y trabajar más, tengan que aguantar la porquería de sus oficinas y pongan en riesgo su salud por un problema tan sencillo de atajar como es la limpieza", declaran desde la asociación, destacando que los agentes, además de arriesgar su vida para proteger a los ciudadanos, también deben convivir con la suciedad en sus puestos de trabajo debido al abandono que sufren por parte del Ministerio.
Y eso que el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, aludía recientemente en que con el Gobierno Sánchez no habrá más 'Piolines', en alusión al barco, (con dibujos de personajes de dibujos como el propio Piolín, el Correcaminos o el demonio de Tasmania), donde un millar de agentes fueron alojados durante tres meses en sus camarotes, en su traslado a Barcelona con motivo del referendum del 1-O.
Desde un principio, los agentes denunciaron las duras condiciones de habitabilidad, sobre todo teniendo en cuenta que la estancia se prolongó más de lo previsto. Los camarotes eran muy pequeños e incómodos para ser compartidos por varios agentes y la comida, según narraban, no cumplía los estándares de higiene.









