Método inductivo. Las dos últimas censuras con las que Facebook, el engendro del inefable multimillonario Mark Zuckerberg, ha censurado a Hispanidad resultan muy ilustrativas. La primera censura es una foto sobre el ataque islamista a una iglesia de Sri Lanka, antes Ceilán, donde los islámicos asesinaron a 171 personas. 

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Un hecho real, no un bulo, pero Facebook consideró que aquella imagen, miren por dónde, la de la iglesia destrozada por las bombas, era demasiado violenta como para publicarse. La verdad es que Facebook no es nada salvo como censor, pero Google, el más poderoso, lo considera uno de los criterios para que el propio Google, el mayor censor del planeta, censure todo aquello que no le gusta. No censura bulos, lo que censura son las opiniones contrarias a su credo progre-cristófobo. La censura de Google y Facebook no supone suprimir. Eso estaría muy feo. Lo que hacen es pasar tu información de la primera página a la séptima, y claro, nadie llega la séptima.

Una gran hipocresía, por supuesto. Acusan a Hispanidad de promover la violencia porque lo que realmente odian es que se critique a unos asesinos musulmanes que han matado cristianos. Naturalmente, si fuera al revés, cristianos que asesinan a musulmanes, ni Facebook ni Google -que censura lo mismo pero no advierte al censurado- censurarían el innegable y repugnante racismo cristiano-occidental. Sería un delito de odio, sin duda.

La lucha de 2024 consiste en que Internet se mantenga tal y como nació: como el mayor espacio de libertad. Y eso, aunque sea a costa de compartir la WWW con lo más miserable de la humanidad. En la libertad conviven lo mejor y lo peor

La segunda censura de Facebook a Hispanidad también tiene su enjundia. Ocurrió aún más recientemente y resultó un caso menos ilustrativo que el anterior, acerca de lo que nos estamos jugando pero mucho más estúpido: Facebook censuró a Hispanidad porque en una crónica financiera, sobre la empresa Naturgy, para ser exactos, asegurábamos que los fondos socios de Naturgy obligaban al presidente Reynés a vender activos para hacer caja. O sea, un caso de violencia extrema por parte de Hispanidad. De coña.

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Y además, Facebook te explica lo antedicho: ¡nooooooo!, nosotros no le censuramos. Tan sólo le trasladamos a pantallas inferiores a los que sólo accederá un lector, con mucha, muchísima paciencia. Es decir, además de censores, hipócritas. 

La arma más poderosa del siglo XXI, continúa siendo una lengua afilada. Los misiles pueden bloquearse en cuanto falle su sistema de guiado pero ni los chinos han sido capaces de bloquear Internet. Para ellos, es un enemigo mucho más temible que el senil Joe Biden

Con todo, hoy, 20 de marzo de 2024, este periódico digital cumple 28 años. Somos el decano de la prensa digital española, nacido el 20 de marzo de 1996, todavía en el siglo XX. En estos 28 años la prensa vegetal ha ido languideciendo, hasta convertirse en un apéndice de la prensa electrónica. Y sinceramente, espero que ese apéndice de papel dure lo más posible. En serio.

Ahora bien, donde en la actualidad nos jugamos el futuro, también el presente, es en Internet. Los quioscos, insisto, desgraciadamente, se han convertido en expendedores de chicles y refrescos, mientras el poder, todos los poderes, se han obsesionado con controlar la información que circula por la WWW, una tarea, en la que, todo hay que decirlo, me temo han conseguido más éxitos de los deseables.

Más enemigos de la libertad de prensa en 2024: el utilitarismo como crisis profunda de la publicidad y la obsesión por objetivar la influencia: un absurdo. Todo ello unido a la gratuidad de la red, fenómeno no reversible y lo peor, la enfermedad del progresismo, convertido en lo políticamente correcto. Una plaga

Lo primero: ¿de quién estoy hablando cuando me refiero al poder digital? Pues, hombre, ha ido cambiando de fisionomía pero ahora mismo, todavía, los principales enemigos de la libertad en Internet son Google, Youtube y Facebook. Son los censores globales y los que imponen lo políticamente correcto, bajo la muy democrática norma de que se puede decir de todo pero no conviene decir aquello que atente contra el discurso cultural imperante. Hoy, el periodismo digital necesita a apestados valientes, del tipo Vito Quiles

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En 2024, la batalla por la libertad de prensa consiste en que Internet se mantenga como nació: como el mayor espacio de libertad... aunque sea a costa de compartir la WWW con lo más miserable de la humanidad. Donde hay libertad conviven lo mejor y lo peor.

Y en esta tesitura, no olviden que la arma más poderosa del siglo XXI, continúa siendo, una lengua afilada. Los misiles pueden bloquearse si se bloquea o sabotea su sistema de guiado pero ni los chinos han sido capaces de bloquear Internet. Para ellos, un enemigo mucho más temible que el senil Joe Biden

La misma batalla -la madre de todas las  batallas- de la Blasfemia contra el Espíritu que se desarrolla en la vida real, se libra en el universo digital. En la red no contienden la izquierda y la derecha: pelea la Iglesia contra el Maligno. En este siglo XXI, ya en colisión frontal

Más adversarios de la libertad de prensa en este vigésimo octavo aniversario de Hispanidad: el utilitarismo como crisis profunda de la publicidad y la obsesión por objetivar la influencia, un absurdo. La libertad en la prensa digital no puede medirse como si fuera un detergente, según el número de ventas. Una cosa es la capacidad de venta y otra la influencia en el universo de la ideas, más difícil de medir. En Internet se están dando las misma luchas: los grandes medios, unidos a las centrales de medios, intentan reducir el número de comensales a la boda, porque es más fácil controlar a 6 que a 600. El poder político, el económico y el más peligroso de todos, el cultural, informativo, mediático: quieren muy pocos medios muy grandes a pesar de que la libertad aconseja muchos medios pequeños. 

Y naturalmente, odian el periodismo popular, odian las redes sociales y el no profesional jugando a periodista... a veces con enorme acierto y siempre con menores compromisos.

Todo ello unido a la gratuidad de la red que ya no es reversible. En cualquier caso, lo peor es la enfermedad del progresismo políticamente correcto, una verdadera plaga. 

La misma batalla -la mayor batalla- es la Blasfemia contra el Espíritu que se libra en la vida real y también se libra en el universo digital. En la red no contienden la izquierda y la derecha, pelean la Iglesia y los poderes del Maligno. En colisión frontal. La batalla ya no es entre realismo e idealismo, como ocurría en tiempos más civilizados. En 2024, lo bueno ha pasado a ser malo y lo malo, bueno: la verdad se ha convertido en mentira y la mentira en verdad. Lo bello se considera feo y lo feo bellísimo, como no podía ser de otra forma: cuando se rompe el canon ético se acaba por romper el estético.

Esta es la batalla de Hispanidad para 2024 y 2025, cuando entraremos en nuestro vigésimo noveno año de vida. Hay tarea por delante.