Vayamos por partes porque hay mucha tela que cortar. Las memorias de SM Juan Carlos I llevan por nombre Reconciliación, pero no creo que buscaran nunca ese propósito. Un Rey no escribe memorias, deja que se las escriba la historia, y mucho menos si es para dar rienda suelta al resentimiento.
Dicho esto: el comportamiento de Felipe VI ha resultado deleznable con su padre. Unos apuntan al 'temor' a Pedro Sánchez, pero lo hemos visto con la crisis de Ceuta, al final, el que no está a la altura es el monarca. Sea por un motivo o por otro, Felipe, solito y mayorcito, tomó y mantiene decisiones como que su padre vaya a morir en un país extraño o como cargarse a todos sus familiares de la Casa Real, dejando solo a su esposa y a sus hijas.
Y entre dimes y diretes familiares, y sin querer entrar a valorar la valentía de padre e hijo a la hora de defender los intereses de España, coge Francia y premia el libro del emérito.
Lo primero, sorprende que Francia, nación de la Ilustración anti Cristiana que siempre ha odiado a España por su defensa del catolicismo, por ejemplo con su apoyo a los protestantes en la Guerra de los 30 años, opte por premiar un rey español supuestamente católico. Aunque ojo, porque fue el propio Juan Carlos el que inició el divorcio entre la monarquía española, la católica Monarquía española, y la Iglesia. Quizás de ahí que guste tanto en Francia.
Y sorprende, o quizás molestan, aún más los elogios y cursiladas que ha dicho Juan Carlos I en su discurso: "Recibir este galardón es un honor que me conmueve profundamente. Lo recibo con enorme gratitud, para mí, pero también para esa España que tanto amo y a la que, viva donde viva, perteneceré siempre".
Creado en 1975, el premio Saint-Simon recompensa cada año al autor de unas memorias o de un libro de recuerdos. Este año se lo han otorgado al libro del emérito alabando un "testimonio excepcional". Que también tiene bemoles, sabiendo que es un libro para atacar a su propio hijo.
Juan Carlos continuó su discurso autoalabándose: "Este premio me consolida en la categoría de los hombres que eligen dar testimonio antes que callar. Es una elección más temeraria que sensata la que he hecho, movido por la misión de escribir para la posteridad".
Y más, esta vez, alabando sus propios años de reinado, que por supuesto tuvieron luces, pero también sombras, pero de esas mejor no se acuerda: "Saint-Simon estaba en definitiva encargado de sellar una alianza entre nuestros dos países, un entendimiento indispensable que yo mismo he buscado siempre reforzar durante mi reinado".
Para continuar, Juan Carlos prosigue con los paralelismos entre él mismo y Saint-Simon, esta vez, comparando ambos exilios, el francés obligado a retirarse a La Ferté-Vidame, mientras él empezó el libro "cuando abandoné el Palacio de la Zarzuela para encontrarme bajo cielos lejanos u hospitalarios, en los Emiratos Árabes Unidos. Necesité la distancia y la tranquilidad que me brindaba esta nueva tierra de acogida para replantearme mi destino. Entre dudas y heridas, pero muy lejos de la amargura, decidí hacer un último legado a los españoles, además de las instituciones democráticas que les permiten vivir en paz desde hace cincuenta años: escribir mi parte de verdad, con autenticidad y sinceridad".
Y mención aparte los asistentes y las ausencias. Familiares, personalidades del mundo de las artes y las letras, así como representantes de las instituciones locales, han acompañado a Juan Carlos que ha estado arropado por su hija, la infanta Elena, sus nietas, Victoria Federica de Marichalar e Irene Urdangarin, su sobrina, María Zurita, su ahijada, Adélaïde d’Orléans, Álvaro y Antonella de Orleans-Borbón. Faltaba Cristina, que estaba retenida por un viaje de cooperación. Tampoco estaban ni se les esperaban a su espora la Reina Sofía ni a los miembros de la Casa Real, su hijo, la Reina Letizia y sus nietas, Leonor y Sofía.
De aquellos barros, estos lodos. Cobardía de Juan Carlos en su reinado y en su exilio, cobardía que su hijo Felipe VI ha convertido en una de las bellas artes, cobardía que toda la familia comparte.