Varios hechos preocupantes han confirmado una tendencia que venía dibujándose en los últimos tiempos y es el aumento del fanatismo islámico -en su forma yihadista- en todo el mundo, con consecuencias funestas para la seguridad de las personas. 

Al reciente atentado en Moscú ejecutado por Estado Islámico del Jorasán y que costó la vida a 137 personas (atacadas en la popular sala de conciertos rusa Crocus City Hall), se suma, por ejemplo, los ataques de las Fuerzas Armadas Sudanesas, dirigidas por los Hermanos MusuImanes, a una iglesia cristiana en la ciudad sudanesa de Omdurman. 

Por su parte, la ONU advertía de que más de 200.000 niños cristianos corren el riesgo de morir de hambre en el mismo Sudán, enfrentándose a la peor crisis de hambre del mundo. La hambruna en ese país africano está ocasionada por los Hermanos Musulmanes, una fuerza militar similar a Hamás. 

Además, hoy el ABC recogía que el yihadismo asesinó a 9.572 personas en el mundo en 2023, lo que supone un 15% más respecto a 2022, según el Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo. 

Por todo lo anterior, Francia decidía elevar su grado de alerta antiterrorista hasta el máximo nivel, el cinco, frente al 4 en el que se encontraba. El mismo nivel 4, por cierto, en el que se encuentra España, por decisión del Gobierno de Pedro Sánchez, pese a lo ocurrido en Rusia y pese a que ayer mismo era detenido en Barcelona un presunto yihadista que mantenía conexiones con terroristas de otros países en Asia, Europa y Norteamérica…

Lo dicho: la tendencia se confirma y el yihadismo va a más en todo el mundo, con el peligro que ello conlleva para las libertades y la seguridad de las personas… especialmente de los cristianos.

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