Una semana más, Hispanidad realiza una crónica recogiendo las últimas informaciones sobre la persecución -incluso genocidio- contra los cristianos, una realidad silenciada en muchos medios y en muchos gobiernos occidentales.
Esta semana empezamos en el norte de África para contar una historia real de persecución. La narra Puertas Abiertas, que no especifica más en qué país se produjo.
El protagonista es Salim (nombre ficticio), un niño de cinco años cuyos padres dijeron en su colegio que no querían que asistiera a celebraciones musulmanas porque ellos son cristianos y le están educando en la fe en Jesús.
Desde que lo comunicaron, el niño empezó a volver a casa con hematomas y muestras de haber sido agredido. “A veces, al llegar a casa, lo encontrábamos con hematomas y marcas rojas en el cuerpo; muchas veces, su ropa estaba rota. Era maltratado y agredido repetidamente”, testimonia Maarouf*, padre de Salim.
El padre preguntó en la escuela que qué es lo que estaba pasando pero los funcionarios no lo reconocieron. Los padres decidieron entonces cambiar a su hijo del colegio, cuya directora les aseguró que gozaría de libertad religiosa. “Me aseguró que, para ella, todos los niños son iguales, independientemente de sus creencias religiosas o de las de sus padres. Me sentí muy feliz al escuchar eso”, reconoce Maarouf.
Sin embargo, aparecieron los mismos malos tratos. “Algún tiempo después, comencé a notar hematomas en el cuerpo de mi hijo nuevamente, y en dos ocasiones llegó a casa con la camisa rota”. Maarouf continúa: “Peor aún, quedó traumatizado por esas experiencias; todos los días, sabiendo que tenía que ir a la preescolar, comenzó a tener ataques de pánico”.
El padre volvió a preguntar en la escuela el motivo de las heridas de su hijo pero la director lo atribuyó a cosas de niños. El matrimonio decidió entonces sacarlo también de ese colegio.
Un colaborador de Puertas Abiertas les sugirió entonces que en su nuevo centro no descubriesen su condición de cristianos. “Él sugirió que lo inscribiéramos en otra preescolar, pero sin demostrar abiertamente nuestra fe en Jesucristo. Por ahora, es la única opción para proteger a nuestro hijo”, reconoce Maarouf.
Una historia tremenda de persecución a los cristianos por su fe en Jesús.
Nos vamos a Nigeria donde, según el último informe sobre libertad religiosa 2025 de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), “la libertad religiosa se encuentra gravemente amenazada, principalmente debido a las medidas legales que apoyan la discriminación contra los cristianos en los estados del norte, así como a las atrocidades cometidas en todo el país. Por todo ello, las perspectivas para la libertad religiosa en la nación más poblada de África siguen siendo extremadamente sombrías”.
Como hemos explicado en otras ocasiones, en ese país operan las milicias islamistas de los pastores musulmanes Fulani o grupos terroristas yihadistas como Boko Haram o la facción del Estado Islámico en la Provincia de África Occidental (ISWAP), que se dedican a atacar a los cristianos que, en algunas zonas del país, son "víctimas de asesinatos, violencia sexual y secuestros", sobre todo por parte de los pastores musulmanes fulani que "han robado y destruido las tierras ancestrales de los cristianos, lo que ha dejado a millones de personas sin hogar, sin trabajo y viviendo en campamentos de desplazados internos sin acceso a la sanidad ni a la educación. El número y la ferocidad de los ataques contra las aldeas cristianas han llevado a algunos expertos a concluir que estas incursiones constituyen una apropiación deliberada de tierras con el objetivo de expulsar a los cristianos e islamizar la región”, prosigue ACN.
En ese contexto, el pasado sábado 7 de febrero, unos “terroristas” (así los definieron los habitantes locales) asaltaron la población de Karku, mataron a tres personas y secuestraron al sacerdote católico Nathaniel, junto con otras diez personas, informa Fides.
Además, nueve fieles católicos fueron secuestrados el 6 de febrero en la estación misionera San Juan de la Cruz, ubicada en Ojije-Utonkon, dentro de la parroquia San Pablo, en el área administrativa local de Ado, en el estado de Benue, centro-norte del país, añade Fides.
El domingo 8 de febrero, el Santo Padre se refirió a los últimos ataques contra los cristianos en Nigeria: “Con dolor y preocupación he tenido noticia de los recientes ataques contra diversas comunidades en Nigeria, que han causado graves pérdidas de vidas humanas. Expreso mi cercanía en la oración a todas las víctimas de la violencia y del terrorismo. Espero que las autoridades competentes continúen actuando con determinación para garantizar la seguridad y la protección de la vida de cada ciudadano”.











