
Es un poco pesadito esto del 8M aunque este año nos ha ilustrado mucho Mónica García, ministra comunista de Sanidad, quien ha equiparado, sin ambages, feminismo y aborto, o matanza del más inocente y más indefenso de todos los seres humanos, el concebido pero aún no nacido, con la cosa, más vistosa, de la igualdad entre hombres y mujeres.
No tratéis de encontrar aspectos positivos en el feminismo: no los hay… y estaréis blanqueando el horror. Por ejemplo, el horror del derecho al aborto
Primera aclaración: no puede haber nada más distinto a un hombre que una mujer… afortunadamente. Por tanto, el concepto de igualdad entre los dos sexos sobra, porque la igualdad de derechos se da por sobreentendida desde que la civilización cristiana empezó a hablar de que todos somos hijos de Dios, y porque la igualdad de oportunidades no surge de ningún planteamiento teórico sino de la vida misma. Es más, la igualdad de los desiguales no es otra desigualdad. Es algo peor: es una injusticia. Condenar a la mujer a trabajos donde prima la fuerza física, por ejemplo, la construcción o la minería, o al varón en actividades para las que la naturaleza no le ha dotado, por ejemplo la maternidad y la crianza primera, es una manera de fastidiarles a ellos y a ellas.
Recuerden: la igualdad no importa un colín: lo que importa es la justicia.
Feminismo es quejumbrosidad y esterilidad, cuando la feminidad es vitalidad y fecundidad
Segunda aclaración: con confusiones como la anterior hemos llegado a un punto en el que no se trata de reducir la radicalidad del feminismo, de aceptar un feminismo moderado: se trata, simplemente, de eliminar el feminismo y volver a la feminidad.
Vamos, que no tratéis de encontrar aspectos positivos en el feminismo: no los hay… y estaréis blanqueando el horror. Por ejemplo, el horror del derecho al aborto.
Por lo demás, no olviden que el feminismo es quejumbrosidad y esterilidad, cuando la feminidad es vitalidad y fecundidad.









