Tal y como ha explicado Hispanidad, la Ley de Vivienda aprobada por el Gobierno socio-podemita, y que entró en vigor el 25 de mayo de 2023, ha sido un fracaso un fracaso absoluto, porque, al intervenir los precios -poner topes, por ejemplo, al precio del alquiler- han conseguido el efecto contrario: precios que suben disparados, falta de oferta, demanda incontrolada e inseguridad jurídica para el propietario, intervencionismo y desprotección. Todo acompañado del proteccionismo a los okupas. 

Algo muy distinto es lo que ha anunciado Donald Trump que va a hacer en EEUU: prohibir que grandes inversores institucionales -fondos de inversión privada (por ejemplo, Blackstone), etc.- compren viviendas unifamiliares, con la finalidad de proteger el acceso a las familias.

Así lo explicó Trump en su red social Truth: "Durante mucho tiempo, comprar y tener una casa se consideraba la cima del sueño americano. Era la recompensa por trabajar duro y hacer lo correcto, pero ahora, debido a la inflación récord causada por (el anterior presidente de EEUU) Joe Biden y los demócratas en el Congreso, ese sueño americano está cada vez más fuera del alcance de demasiadas personas, especialmente de los estadounidenses más jóvenes".

"Por esa razón, y muchas más, estoy tomando medidas inmediatas para prohibir que grandes inversores institucionales compren más viviendas unifamiliares, y llamaré al Congreso para que lo codifique. Las personas viven en casas, no las corporaciones", añadió. 

Es decir, lo que propone el inquilino de la Casa Blanca no es intervenir los precios -como el Gobierno sociopodemita en España- sino proteger a las familias de la especulación que efectúan los grandes inversores institucionales con las viviendas, que elevan los  precios de forma que quedan fuera del alcance de las familias estadounidenses. 

De hecho, este anuncio del presidente estadounidense se produce después de que el precio medio de las casas unifamiliares en EEUU hay alcanzó los 426.800 dólares en el tercer trimestre de 2025. Aunque el verano pasado había llegado al récord de 435.300 dólares, un precio a todas luces desorbitado para una familia de clase media estadounidense.