A lo mejor está vendiendo la piel del oso antes de cazarlo pero el hecho es que el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo ya se ve en Moncloa y se ha rodeado de los consiguientes asesores empresariales mientras hace quinielas con los nombramientos futuros y con su influencia en el IBEx y aledaños.
Para ello, su principal asesor es el incombustible Ángel Corcóstegui, el ex CEO del Santander, así como el ex de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, sin olvidar al siempre olvidado abogado Manuel Medina González, el amigo de todos los españoles, especialmente de jueces y policías... incluido el juez Baltasar Garzón y el comisario José Manuel Villarejo y, así como el que, desde su Galicia natal, ha sido el banquero más próximo a su persona, presidente de Abanca, Juan Carlos Escotet. Escotet hará lo que sea por Feijóo, entre otras cosas porque a él le debe ser presidente de Abanca. El entonces presidenta de la Xunta de Galicia optó por Escotet y le cerró el paso a la Caixabank de Isidro Fainé, aunque ahora, el político gallego y el empresario catalán vuelven a mantener una relación aproximadamente amistosa.
Pero si hablamos de empresarios propiamente dichos, que no de asesores, lo cierto es que los dos más próximos a Feijóo, a día de hoy, son Ignacio Galán, presidente de Iberdrola, y Carlos Torres, presidente del BBVA.
Ambos resultan 'sorprendentes' porque a ambos se les suponía más cercanía al PSOE y a Pedro Sánchez que al PP.
Pero queridos niños, cuando seáis mayores debéis aprender a programar a tiempo, y tanto el eléctrico como el banquero han decidido que el tiempo de Sánchez se acaba y conviene trenzar alianzas con quien llegará a Moncloa, o eso creen ellos, más pronto que tarde.
Recuerden que en política, y en la gran empresa, nada es lo que parece porque todos mienten. Los malos dicen que por devoción, los buenos aseguran que tienen que hacerlo por obligación, pero la impostura es general.
Pormenores: la cercanía de Feijóo a Galán tiene un problema: se queda descolgado, en la línea de afectos, el presidente de ACS y del Real Madrid, Florentino Pérez cuya relación con Galán es... eternamente mala.
Aún más sorprendente es que el servil Carlos Torres, servil ante Moncloa, a pesar de que el Gobierno, de forma bananera, le arruinó su operación de adquisición del Sabadell, se haya acercado tanto y tan pronto, a Génova. Y así, si Feijóo llega a La Moncloa, no lo duden: Torres logrará liberarse del CEO turco Onur Genç y... de la tutela del PNV, que no ha renunciado a "recuperar", como ellos dicen, el BBVA.
Hablando de cercanía, antes de tiempo: los que no se han acercado a Feijóo son los dos empresarios más poderosos de España: Amancio Ortega, dueño de Inditex y Ana Botín, presidente del Santander.
El primero porque vive alejado del mundo y a lo mejor hace bien. La segunda porque, aunque no soporta a Pedro Sánchez -aquí no es muy original doña Ana-, dentro del espectro de la gran empresa, ha aprendido que en política nadie es nadie mientras no accede al cargo y todos dejan de ser alguien un minuto después de cesar.
Además doña Ana considera que su patria es el mundo, no porque sea internacionalista sino porque aspira a hacerse con el mundo.
Respecto a la política empresarial de Feijóo... Algunos de sus colaboradores y alguno de sus asesores dicen que no haga cambios en las cúpulas empresariales, pero otros le advierten que no puede dejar en sus puestos a los comisarios políticos de Pedro Sánchez. Ambos están en lo cierto pero se trata de dos cuestiones difíciles de conjugar. En cualquier caso, quien piense que para Feijóo la política es la expresión de lo justo, y no una lucha de poder es que su ingenuidad supera a su raciocinio.
Un sueño de Feijóo: conseguir que el símbolo del jaleo ideológico de Sanchismo, de origen gallego, como él, de nombre Rafael del Pino, propietario de Ferrovial, el empresario que se marchó de España porque no soportaba a Sánchez regrese al hogar con Feijóo. Es difícil; Feijóo olvida una de las fuerza motrices, siempre olvidadas, del quehacer corporativo; la rutina. Ferrovial ya ha creado rutina en el mundo anglosajón y a Del Pino Calvo-Sotelo le va bien haciéndose el gringo.