Telefónica ha realizado otra enajenación, con las dos notas distintivas de sus operaciones, desde la llegada de Marc Murtra: ruinosa y opaca. Se trata de la venta, más bien regalo, de su sede histórica, en Gran Vía 28, al empresario Tomás Olivo.

Del comunicado de la compañía poco se puede sacar. Al parecer, la venta se ha cerrado en 200 millones de euros, quizás menos, cuando se empezó hablando de 300 y 350 millones, pero lo absurdo es que Telefónica, con un gigantesco Distrito C vacío, donde ya ha puesto metros cuadrados en alquiler... se queda como inquilino del comprador, al menos durante tres años.

Es decir, que más que una venta de trata de un regalo de Telefónica al señor Olivo, cuya virtud, además, dependerá de que el alcalde de Madrid, el abogado del estadio del R. Madrid, Martínez-Almeida, recalifique o no el inmueble para levantar apartamentos de lujo o así.

Nadie puede ser tan tonto en Telefónica ni tan listo en Olivo House como para vender en esas condiciones. O alguien ha hecho el egipcio o no se entiende nada.

Se nos dice que tanto la tienda de Telefónica como la Fundación, que preside Enrique Goñi, seguirán en Gran vía 28. Lo de la tienda se entiende por aquello de estar en la zona archicomercial de Gran Vía. Ahora bien, la Fundación, ¿por qué no se traslada al Distrito C?

Con esto, Marc Murtra no salvará la cuenta de resultados de 2026, se lo aseguro.