Dios dio a nuestro padre Adán el privilegio de poner nombre a los animales. Poner nombre a las cosas es un gran poder en ocasiones escasamente valorado. El Sanchismo lo valora mucho y así, ha conseguido que el debate público muera en España. 

Si quieres apartar a cualquiera de ese debate, arrebatarle a la libertad de expresión, no tienes más que calificarle como ultra... y ya le has matado socialmente. Por supuesto hablo de ultraderechista, pues la ultra-izquierda no existe. Existe el fascismo, pero no el comunismo.

Y así se truecan los conceptos hasta hacerlos irreconocibles. 

Ni que decir tiene que Franco era un fascista, por tanto, un ultra, por tanto, un indeseable al que no hay que conceder nada. Si lo haces, eres otro fascista.

Por supuesto ultraderechista, que la ultra izquierda no existe

Pues bien, hoy, 18 de julio de 2026, cuando se cumplen 90 años del Alzamiento -golpe de Estado, en efecto, pero con gran apoyo popular, que si no hubiese muerto antes de nacer-, es el momento de decir que ¡menos mal que el general Franco ganó la guerra civil española! 

No lo digo yo, lo decía también Concepción Arenal, quien al ver el estallido de violencia y odio -esto, sí, odio- en el que se había convertido la muy democrática II República, anheló la victoria de los franquistas.

Esta es la verdad, ahora ya podemos comenzar con el tópico. Por ejemplo, poniendo nombres a las cosas: a mí, mismamente, un ultra de mucho cuidado.