
Asegura ese portento intelectual llamado Ione Belarra que los inmigrantes ilegales ahora regularizados -vamos por 1,2 millones- tienen tanto derecho a estar en España como los españoles. Pues mira, no. España no nació ayer: es la obra de muchas generaciones de españoles.
La farola que ilumina al inmigrante, y al español, no la construyeron extranjeros sino españoles. Y como la farola, todo el patrimonio público de este país es obra de españoles. No, no tiene los mismos derechos porque no han hecho España, los españoles sí.
Y no: los inmigrantes no colaboran al sostenimiento del nivel de vida: de hecho lo rebajan. Lógico: a efectos estadísticos son como niños, en los que hay que invertir tiempo y dinero, para que aprendan un idioma, un oficio... y para aprender a vivir a lo español. Esto supone respetar la religión de los españoles, las tradiciones españolas, a la mujer española, etc. y todo eso no lo otorga ni unos papeles expedidos por el gobierno ni un contrato de trabajo.
Económicamente, la presunta bonanza de la inmigración es otra mentira gorda. A lo que sí colaboran los inmigrantes es a que suba el PIB. Claro, somos más ergo crecemos más, porque no sólo es el obrero, el productor o el emprendedor, quien colabora al crecimiento de la economía, del PIB, sino también el consumidor y consumir, consumimos todos: indígenas e inmigrantes. Todos comemos todos los días.
Muchos inmigrantes se comportan como invasores que cobran su botín, con todos los derechos, también a paguitas y sin ningún deber. Hasta cierto punto es lógico: el Gobierno les da papeles y subvenciones pero no les impone deberes
Por eso, un país como España, cuyos habitantes crecen a razón de 500.000 habitantes anuales, casi todos inmigrantes, ve crecer su PIB, del que tanto presume Pedro Sánchez. Lo necesita. Lo que no sube es el PIB percapita, es decir, que cada día somos más pobres, ni sube el nivel de vida.
Las pruebas: nuestra generación consiguió una vivienda en propiedad, su hogar, nuestros hijos la tienen en alquiler y asoma ahora una tercera generación que aspirará a alquilar una habitación con derecho a ducha en un piso patera. De la propiedad al alquiler, de alquiler de piso al alquiler por habitaciones. No, la emigración no ha mejorado nuestro nivel de vida, todo lo contrario.
Y en cuanto a las pensiones... hay que ser muy lerdo para pensar que el caniche de las cotizaciones mínimas va a poder con el dóberman de los 14.000 millones de euros de cada nómina mensual, sólo en pensiones contributivas.
Dicho esto, ¿un católico debe recibir al inmigrante con afecto? Sí, porque es Hijo de Dios y nos necesita. No le necesitamos nosotros a él, como dice Pedro Sánchez, un personaje que nunca ha sentido eso que llamamos amor a la patria porque sólo se ama a sí mismo. Pero también hay que obligar al inmigrantes a respetar al país que le acoge. He dicho obligar. Y bastantes de ellos no lo respetan: es más se consideran invasores que cobran su botín, con todos los derechos, también a paguitas, y sin ningún deber. España es ese sitio donde puedes hacer lo que te venga en gana y encima te pagan por ello. Hasta cierto punto es lógico: el Gobierno les da papeles y subvenciones pero no les impone deberes.
Un operador de bolsa me dice que lo que va a ocurrir que con el 'papeles para todos' de Pedro Sánchez, las regularizaciones masivas, es que los españoles se vayan de España. Espero que no.
Los dos factores principales para la integración de un inmigrante son la lengua y la religión. El inmigrante que no aprenda español nunca se integrará. Y en cuanto a la religión, no se trata de obligar a la conversión pero lo cierto es que la migración hispana no genera apenas problemas; la musulmana, muchísimos
A pesar de Pedro, en ningún país se vive tan bien como aquí.
Posdata: no olviden que los dos factores principales para la integración de un inmigrante son la lengua y la religión. El inmigrante que no aprenda español nunca se integrará. Y en cuanto a la religión, no se trata de obligar a la conversión pero lo cierto es que la migración hispana no genera apenas problemas; la musulmana, muchísimos.










