Sr. Director:

La deuda pública de España no es la que los titulares gubernamentales y los medios afines quieren que creamos. La propaganda oficial se centra en la deuda según el Protocolo de Déficit Excesivo (PDE), una medida parcial que excluye gran parte de los compromisos financieros de las administraciones públicas. Según esa metodología, el Gobierno de Pedro Sánchez presenta una ratio deuda/PIB relativamente moderada, aprovechando el efecto de la inflación y la expansión temporal de los fondos europeos. Pero la realidad económica y financiera es muy distinta.

Según el Banco de España, la deuda total de las administraciones públicas en 2025 supera los2,23 billones de euros, aproximadamente un 134% del PIB, y sigue creciendo cada año, a pesar de los ingresos récord por impuestos y de los fondos europeos recibidos. Esta cifra incluye la deuda de la Seguridad Social, cuyo déficit aumenta a ritmos cercanos al 8% del PIB, y compromete seriamente la viabilidad futura del sistema de pensiones. Cada familia española soporta hoy una carga de deuda que se aproxima a los 160.000 euros, y esa cifra se incrementa año tras año.

El Protocolo de Déficit Excesivo ofrece una imagen parcial porque solo contabiliza los pasivos financieros reconocidos formalmente y excluye, entre otros, los bonos emitidos por el Estado que están en poder de sus propias administraciones. Esto permite aparentar que la deuda “se modera” mientras que, en términos absolutos, crece de manera sostenida. La ratio deuda/PIB también se ve artificialmente reducida por el incremento del PIB nominal, efecto de la inflación y de la incorporación temporal de fondos europeos. Así, la propaganda oficial consigue vender que la deuda “baja” mientras la ciudadanía paga más impuestos y pierde poder adquisitivo.

Además de la deuda explícita, España se enfrenta a una deuda implícita que no aparece en los registros oficiales: compromisos futuros en pensiones, sanidad y prestaciones sociales, cuyo pago es inevitable. Con una natalidad baja, población envejecida y mayor esperanza de vida, el sistema público de pensiones se enfrenta a un desajuste estructural: menos cotizantes financian más beneficiarios, obligando al Estado a transferir recursos o emitir nueva deuda. Este fenómeno incrementa la carga financiera futura, sin que se vea reflejado en las cifras oficiales.

¿Cómo se paga toda esta deuda? La experiencia y la teoría económica clásica lo dejan claro:siempre se acaba pagando. Las vías son tres: impuestos crecientes, inflación que reduce el valor real del dinero y emisión de nueva deuda para cubrir la anterior. En España, estos mecanismos se combinan de manera que los ciudadanos sufren una doble presión: pagan más y su dinero vale menos. La consecuencia es una erosión progresiva del poder adquisitivo, del ahorro y de la renta disponible, afectando especialmente a la clase media.

El análisis de economistas como Daniel Lacalle y Roberto Centeno evidencia que la deuda oficial subestima gravemente la carga real. Centeno señala que los compromisos no financiados superan varios múltiplos del PIB, mientras Lacalle advierte de que la deuda de la Seguridad Social y los compromisos derivados de pensiones y prestaciones sociales constituyen una bomba de relojería para cualquier gobierno futuro.

Incluso la comparación internacional muestra la vulnerabilidad española: mientras países como Estados Unidos pueden financiar deuda en su propia moneda de reserva global, España depende del Banco Central Europeo y de la confianza de los mercados internacionales. El margen de maniobra es limitado: cualquier retirada de apoyo, aumento de tipos de interés o pérdida de credibilidad pueden desencadenar un ajuste rápido, con impacto directo sobre impuestos, inflación y crecimiento.

El patrón es inequívoco: España no ha reducido su deuda, sino que la ha aumentado mientras se construye un espejismo estadístico mediante metodologías parciales, inflación y fondos temporales. El costo real lo pagan los ciudadanos mediante impuestos crecientes, pérdida de poder adquisitivo y compromisos futuros que afectan a generaciones venideras. La advertencia de Juan de Mariana, siglos atrás, sigue vigente: la alteración del valor del dinero y la deuda pública no controlada constituyen un expolio encubierto que mina la propiedad individual y la libertad económica.

España se enfrenta a una carga de deuda crónica que exige medidas estructurales, transparencia y decisiones difíciles para evitar que el problema se agrave de manera irreversible.

Comparación internacional: similitudes y diferencias

Para contextualizar, conviene comparar con otras economías relevantes.

Zona euro

Países como:

  • Italia
  • Francia

presentan niveles de deuda elevados, incluso superiores en algunos casos.

Sin embargo, existen diferencias clave:

  • mayor base industrial en algunos casos
  • distinta estructura fiscal
  • credibilidad financiera construida durante décadas

España comparte el problema del endeudamiento, pero con menor margen productivo en ciertos sectores.

Estados Unidos

Estados Unidos presenta una deuda muy elevada, pero con características distintas:

  • emite la principal moneda de reserva mundial
  • capacidad de financiarse en su propia divisa
  • demanda global estructural de su deuda

Esto le otorga una ventaja que España no tiene dentro del euro.

España:

  • no controla su política monetaria
  • depende del BCE
  • y del apetito de inversores internacionales

El factor diferencial: soberanía monetaria limitada

La pertenencia al euro implica:

  • imposibilidad de emitir moneda propia
  • dependencia de la política del Banco Central Europeo
  • disciplina impuesta desde el exterior

Esto tiene una consecuencia directa:

España no puede recurrir libremente a la monetización de deuda como haría un Estado con moneda propia.

Durante años, el BCE ha amortiguado esta limitación. Pero ese apoyo no es ilimitado.

Escenario 1: continuidad (el más probable a corto plazo)

Características:

  • mantenimiento del acceso a los mercados
  • crecimiento nominal suficiente para contener la ratio
  • apoyo moderado del BCE

Consecuencias:

  • la deuda sigue aumentando en términos absolutos
  • no se corrigen los desequilibrios estructurales
  • el problema se desplaza en el tiempo

Es el escenario actual.

Escenario 2: ajuste gradual

Requeriría:

  • control del gasto público
  • reformas estructurales
  • mejora de la base productiva

Efectos:

  • reducción progresiva del déficit
  • estabilización de la deuda
  • mejora de la credibilidad financiera

Este escenario exige decisiones políticas difíciles y sostenidas en el tiempo.

Escenario 3: ajuste brusco

Se produciría si coinciden varios factores:

  • pérdida de confianza de los mercados
  • subida intensa de tipos
  • retirada más rápida del apoyo monetario

Consecuencias:

  • encarecimiento acelerado de la financiación
  • necesidad de recortes o subidas fiscales rápidas
  • impacto directo sobre actividad económica y empleo

Este tipo de ajuste no es teórico. Ya se ha visto en la eurozona en la década pasada.

El elemento clave: confianza

Todo el sistema descansa sobre un factor intangible pero decisivo:

la confianza de quienes financian la deuda.

Mientras esa confianza se mantiene:

  • el sistema funciona
  • incluso con desequilibrios elevados

Cuando se deteriora:

  • el ajuste se acelera
  • y deja de ser gradual

Lo que realmente está ocurriendo, la deuda realmente existente:

  1. La deuda total supera ampliamente la cifra oficial difundida
  2. La ratio deuda/PIB mejora en parte por efecto de la inflación
  3. El Estado depende de emisiones masivas cada año
  4. El apoyo del BCE ha sido determinante, pero está cambiando
  5. Existen compromisos futuros que no aparecen en la deuda actual
  6. La carga se traslada al ciudadano vía impuestos e inflación

La advertencia clásica de Juan de Mariana

  • alterar el valor del dinero
  • endeudarse sin límite visible
  • trasladar el coste al conjunto de la población

no son fenómenos nuevos.

Han sido descritos desde hace siglos como formas de extracción de recursos, de expolio, fuera de los mecanismos explícitos.

El problema de la deuda pública en España no es solo cuantitativo, sino estructural.

No se trata únicamente de cuánto se debe, sino de:

  • ¿Cómo se mide?
  • ¿Cómo se financia?
  • ¿Y cómo se paga?

La deuda no ha bajado. Ha aumentado, mientras se presenta de forma parcial y se apoya en factores que no son permanentes.

Y, como ocurre siempre en economía:

lo que no se corrige, se acumula.
y lo que se acumula, termina "ajustándose".