Se llama Juan Manuel Góngora, es párroco de Balerma, un pueblo de Almería cercano al Ejido y dice esto. Es decir, cuenta lo de otras muchas zonas de España: que Balerma se ha convertido en la ley de la selva. Lérida, Barcelona, la costa gaditana y onubense, cada vez más Barcelona, ahora la circunvalación de Bilbao... una España cada vez más violenta.
Pero hay algo que me ha llamado la atención, y es que ocurra en toda la costa andaluza. La inseguridad la provocan las redes de narcotráfico que ahora se confunden con los traficantes de inmigrantes, es decir, de personas. Transportar narcóticos o transportar esclavos: ¿Acaso no es lo mismo?
La España de Sánchez es la ley de la selva, un país en permanente estado de violencia. De ordinario, me gusta que a los delincuentes les persiga la policía pero cuando la delincuencia es delincuencia organizada, y cuando dispone de armamento militar, debe ser el ejército, con armamento militar, quien les haga frente. De otra forma, los civiles, inermes, pagarán las consecuencias.
Y que todavía tenga uno que aguantar al señor Fernando Grande-Marlaska asegurando que España es un país segurísimo y todo gracias a él, a Fernandito.
¿Qué pensarán al oírlo los habitantes de Balerma? Porque en la España de Sánchez impera la ley de la selva y no se sabe a quién defiende el Gobierno, si a los verdugos o las víctimas.










