Sr. Director:

En 1936 el 25 de julio se inició el martirio de los Hermanos en Talavera de la Reina: 4 religiosos. Calafell (Tarragona, 15 miembros de la comunidad del Sanatorio. En Barcelona, 7. En Boadilla del Monte (Madrid) 12 miembros de Carabanchel Alto. En Paracuellos del Jarama, 22 religiosos de San Juan de Dios. Y así hasta 71.

Sin juicio previo fueron fusilados. Porque eran religiosos. Su delito es hacer lo que hoy hacen sus compañeros en Gijón, cuidar a los ciudadanos españoles más enfermos. Por eso fueron fusilados. Y ellos entregaban su vida a Dios con plena conciencia de lo que estaba pasando, pidiendo perdón por sus verdugos. Algunos muy celosos de la memoria histórica no quieren que estos martirios sean reconocidos y celebrados. No se trata de acusar a nadie. Solo se trata en reconocer que aquellos murieron por Cristo de forma heroica. Pío XI se refería a ellos afirmando: “Todo esto es un esplendor de virtudes cristianas y sacerdotales de heroísmos y martirios, en todo el glorioso significado de la palabra, hasta el sacrificio de las vidas más inocentes, de venerables ancianos de juventudes inmaculadas”. Y lo que era cierto entonces, sigue siéndolo ahora.