
Tal y como informamos recientemente en Hispanidad, el pasado 1 de abril, miércoles santo, iba a realizarse en una sala de espectáculos de la ciudad de Valencia la primera misa negra abierta al público en España, con evidentes actuaciones contra Jesucristo, la Iglesia y los creyentes cristianos.
Se decía que el diablo tomaría posesión de todos los participantes y les empujaría a realizar el mal, dado que Satanás es el príncipe de las tinieblas.
Un puñado de católicos valencianos, al enterarse de la noticia, se organizaron para rezar públicamente el Rosario en la plaza de la Virgen de los Desamparados, ante la sala discotequera y también en las parroquias y grupos de oración de Valencia.
Al acercarse las siete de la tarde debía empezar el espectáculo y entonces vino la sorpresa: el dueño de la discoteca prohibió que semejante espectáculo se celebrase allí y el espectáculo (incluida la misa negra) fue suspendido.
Dios hace maravillas y lo que para nosotros es imposible, para Dios no lo es.
Aquí nos ha ocurrido algo semejante a lo que pasó en las Bodas de Caná.
María, la Madre de Jesús, le dijo que a los nuevos esposos les faltaba el vino y aunque no había llegado la hora de Cristo, Él obró el milagro gracias a la intervención de la Madre.
Podemos decir que, gracias al rezo del Rosario, la Señora intercedió ante Dios y Dios obró el milagro.
Es verdad que rectificar es de sabios.
Renunciemos a Satanás, a todas sus obras y seducciones, al mal en cualquiera de sus formas.
Y digamos sí al Dios vivo y verdadero, a su Hijo Jesucristo, al Espíritu Santo, a la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, a la Santa Iglesia de Dios y al bien en todas sus formas.
La Virgen María ha aplastado, una vez más, la cabeza del enemigo infernal.
¡Viva Nuestro Señor Jesucristo y viva la Santa Madre de Dios!










