
El tema del odio es una realidad actual que se experimenta en la sociedad, en la política, en el deporte especialmente en el fútbol entre los diferentes ultras: los activistas del odio se encuentran en los medios tradicionales, pero sobre todo en las redes sociales y en las nuevas plataformas. Más refinado y persistente es el odio en la política, sobre todo en las precampañas y campañas electorales. Los que más odio generan, se hacen más víctimas.
Una forma más sofisticada y persistente es el odio entre confesiones religiosas, como se comprueba cada día en forma de guerras de exterminio. Un caso muy especial es el odio del mundo contra los cristianos que ya anunció Jesucristo en el segundo discurso de despedida tal como aparece en el Evangelio de San Juan (15- 1-27). Jesús anuncia a sus discípulos; “si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odian”. Este odio a los discípulos de Jesús tiene según el mismo Jesucristo un motivo: porque no conocen al que le ha enviado. Si yo no hubiese venido y no hubiese hablado no tendrían pecado. El que me odia a mí también odio a mi Padre. Continúa Cristo: “os dicho esto para que no os escandaliceis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho. En estos tiempos son los cristianos los más perseguidos odiados y martirizados, según los estudios sobre el odio religioso en el todo el mundo.









