Indra se ha llevado un revolcón importante en Irlanda, no tanto por la cuantía del contrato que ha perdido -se lo adjudicó en 2020 por 32 millones de euros-, sino por el motivo que ha llevado a la rescisión del citado acuerdo: el retraso en la implementación del nuevo sistema de gestión ferroviaria del país.

Efectivamente, el talón de Aquiles de Indra es el incumplimiento de los plazos de entrega. El problema actual de la empresa que preside Ángel Simón no son los ingresos, que le llueven gracias al aumento del presupuesto de Defensa, sino su capacidad de producción, algo que viene de la etapa anterior.

De hecho, como recordarán, el ministerio de Defensa, en su día, remitió un comunicado en el expresó públicamente su malestar por los retrasos en los blindados 8x8 Dragon, uno de los productos estrella del consorcio Tess Defence, liderado por Indra y formado, además, por Santa Bárbara, Sapa y EME.

En cualquier caso, una cosa ha cambiado con Ángel Simón (presidente) y Josep María Recasens (CEO): la compañía ha pasado del ‘lo hacemos todo nosotros’ que perseguía con Ángel Escribano y José Vicente de los Mozos, al actual ‘lo hacemos con otros’. Veremos si esto funciona mejor.

De momento, para impulsar el proyecto Garnet -un nuevo motor cohete para la nueva generación de microlanzadores europeos-, Indra se ha asociado con otras empresas francesas e italianas. Esperemos que no suceda lo mismo que con el caza europeo FCAS, que fue bruscamente cancelado en junio de este año por desavenencias entre Francia y Alemania.

Y mientras tanto, los Escribano ‘brothers’ afirmaron este miércoles que estudian sacar EME a bolsa para financiar su expansión internacional, con una valoración de unos 2.300 millones de euros. Tranquilos, es la valoración de Ángel y Javier que, como cualquier empresario, ven su empresa con muy buenos ojos. ¡Ah! y el banco que les asesora es JP Morgan, el mismo que les prestó el dinero para comprar la participación de Indra, y que se llevó un buen pellizco.