
Decíamos ayer que ya hay movimientos para quitarle la presidencia de Telefónica a Marc Murtra. Uno de los candidatos a presidir la operadora es el actual presidente de la Fundación, Enrique Goñi. Y no son de extrañar estos movimientos porque se desarrollan en un ambiente tenso: la cuenta de resultados no funciona. Ahora mismo, los dos puntos más negros son Alemania e Inglaterra.
O2 Reino Unido, 50% Telefónica, necesita inversiones cuantiosas para el desarrollo de la fibra, incursa, en Inglaterra, en una dura guerra comercial. Encima, los niveles de deuda empiezan a preocupar a los analistas. Apenas generan el dividendo que tiene que subir a la matriz. Y olvídense de salir a bolsa ahora mismo: sería suicida.
En Telefónica Deutschland el asunto es aún peor. Ocho horas de junta de accionistas con 250 preguntas. Y los minoritarios cabreados porque consideran que la matriz española está succionando liquidez de la filial alemana.
En todo caso, el problema no es de satisfacción al accionista, sino mucho más primario: ahora mismo no se sabe qué hacer con la filial alemana. Como en Reino Unido se precisa mucha inversión en red y, sobre todo en captar clientes minoristas. Y también para eso se necesita mucha inversión.
Ahora bien, si Telefónica abandona el Reino Unido y Germania, quedaría jibarizada. Tras las malvendidas unidades hispanoamericanas una de las grandes operadoras mundiales se reduciría a España y Brasil.
Lo llamativo es que el equipo Murtra parece concentrado en permanecer más que en plantear una palanca de ingresos que todavía no se deja ver por ningún lado. De esta forma, es imposible participar en el proceso de concentración europeo de telecos, que se vislumbra inminente.










