Antonio Anson Latorre sustituye a Soledad Fernández Doctor en la dirección de la Agencia Tributaria.

Doña Soledad no es una heroína, que conste. Socialista convencida ha sido una de las más duras recaudadoras, vamos de las que ha metido con más saña su mano en el bolsillo de los españoles.

Ahora bien, es una progre, sí, pero técnicamente buena profesional, a la que no le gustó, ni poco ni nada, que Sánchez les regalara una agencia tributaria propia a los indepes catalanes. Entonces comenzó su pulso con el Gobierno, esto es, pulso no por la España roja sino por la España rota. 

La gota que colmó el vaso de la paciencia de doña Soledad, fue la personación de la Agencia Tributaria, casi no tenía otro remedio, como parte interesada en el sumario contra Zapatero. 

Insisto, buen profesional, lo mismo que ocurre con el actual secretario de Estado de Hacienda, Jesús Gascón; no se duda de su capacidad pero ha vendido su alma a Sánchez y concederá con mucho gusto y al frente de la manifestación, la independencia fiscal a ERC y Junts. 

Por cierto, que a doña Soledad, y a toda la AEAT, tampoco le gustó mucho la inacción forzada, auspiciada por la autoridad política, acerca de que hubiera un señor fiscalmente radicado en Portugal pero que cobraba un salario público en España, un tal David Sánchez Pérez-Castejón.

Total, que el Sanchismo ha disfrazado de dimisión el cese de Soledad Fernández y su sustitución por Antonio Anson, como nuevo director general de AEAT. Hablamos de un miembro de la agencia sin mucho recorrido en la misma y sin el prestigio técnico que, entre sus compañeros, tenía doña Soledad. 

Sánchez ha nombrado al jefe de Gabinete del precitado secretario de Estado de Hacienda, Jesús Gascón, al frente de la inspección tributaria. Y, desde luego, no será él, ni el nuevo jefe de la AEAT, quien dilate, retrase o interfiera en el proceso de independencia fiscal de Cataluña, que doña Soledad aplicaba arrastrando los pies.

En la etapa terminal -eso espero- del Sanchisno, no se precisan buenos técnicos independientes sino altos cargos... obedientes y dóciles.