Los resultados hasta junio presentados el martes por Disney son muy malos, especialmente los referentes al segundo trimestre, cuando perdió 4.718 millones de euros, frente al beneficio de 1.430 millones del mismo periodo de 2019. Al final, la cuenta semestral arrojó unas pérdidas de 4.243 millones, gracias al beneficio de 475 millones obtenido durante el primer trimestre.

La clave estuvo en los parques de atracciones, que redujeron su facturación por debajo de los 1.000 millones de dólares, frente a los más de 6.500 millones obtenidos el año anterior. En total, la facturación del grupo cayó un 42% y no superó los 11.780 millones.

Las esperanzas de la compañía están puestas en Disney+, la plataforma de streaming lanzada en noviembre y que disparó el número de usuarios gracias a la pandemia: ya cuenta con 59 millones de suscriptores en todo el mundo. La multinacional considera, sin embargo, que no es suficiente. “Disney está planeando lanzar un servicio internacional de streaming, que se llamará Star y será de cara al año 2021”, afirmó el consejero delegado, Bob Chapek. Star incluirá contenidos de ABC FX, 20th Century Studios, Freeform y Searchlight. El futuro, al parecer, está en los contenidos online. De momento, Disney+ aumentó sus beneficios un 2%, hasta los 3.969 millones de dólares.

Lo que está claro es que, a pesar de la pandemia que ha provocado el cierre de miles de cines en todo el mundo y el desplome del negocio de los parques, Disney no renuncia a su agenda LGTBQ que incluye, entre otros, el lanzamiento de la película Jungle Cruise en 2021, el primer largometraje con protagonista gay. Y si las salas continúan cerradas, podría repetir lo mismo que ha hecho con la nueva versión de Mulán en acción real: estrenarla directamente en internet -4 de septiembre-, eso sí, previo pago de 30 dólares. Y cuidado, porque es un peligroso precedente que coloca a las salas de cine en una posición muy delicada.

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