Cuando Barack Obama se retire (y si Michelle Obama no comienza su carrera hacia la Presidencia USA) habrá dejado un fanatismo islámico creciente y más países musulmanes en guerra civil o en reyerta permanente.

Y lo habrá hecho con fondos occidentales, como en Egipto, Libia y probablemente Siria. Es lo que tiene el progresismo: que acabó siendo prisionero de sus propios tópicos. Y más: termina con un medio dictador como Mubarak y se encuentra con que sus validos forjan una tiranía completa, como la de los Hermanos Musulmanes.

Siria es otro ejemplo: Washington apoya a los rebeldes contra Bashar al-Assad pero, miren por dónde, ahora nos encontramos con que dos obispos ortodoxos han sido secuestrados en la ciudad de Aleppo.

Todo un fracaso que se vende como un éxito. Mientras en España se detienen yihadistas y otros fanáticos musulmanes asesinan en Boston, es decir, mientras el islamismo crece, Obama sigue armando al otro fanatismo islámico, el fundamentalismo saudí, a quien continua equipando hasta lo dientes a pesar de que se trata de una tiranía mucho más liberticida que, por ejemplo, el actual régimen sirio.

Es decir, que Obama no lucha contra el fundamentalismo sino contra el fanatismo antinorteamericano. Hasta que el otro fanatismo, el de Riad no necesite su protección frente a Irán y entonces se revolverá contra el Occidente cristiano. Bueno, en su tierra ya lo hacen, claro. Hay más libertad para los cristianos en Irán que en Arabia Saudí.

Eulogio López

[email protected]