Ya he dicho que el catalán siente una necesidad imperiosa de ser apreciado por el resto de España. Sólo que lo pone difícil. Hace cinco años se inventaron la catalanofobia, que no existía en Madrid, quintaesencia española y objetivo a batir. Hoy me temo que sí: existe catalanofobia en España, y mucha. Lo que los catalanes no se dan cuenta es de que ellos tiene buena parte de culpa en esa lamentable animadversión del resto de España hacia aquella parte importante del país.

¿La causa última del divorcio entre Cataluña y el resto de España Sin duda: la descristianización de España y de Cataluña. Insisto en lo que oigo allá donde más me muevo, en el estamento empresarial, nacionalista moderado, de aquella comunidad, donde te confiesan que Cataluña no quiere saber nada con Cristo porque ¡el catolicismo se considera algo español! Increíble pero cierto.

Esta es la raíz del desencuentro por la sencilla razón de que la raíz de España y de Cataluña es la misma: la fe cristiana. Por esa senda sólo puede surgir el regalismo, es decir, la creencia en una iglesia nacional catalana, algo tan tonto como una iglesia nacional española, porque la Iglesia es universal o no es y porque a Dios se le reza en español o en catalán… o en indi. Cristo entiende todos los idiomas y las verdades contenidas en el Credo se pueden  expresar en cualquier lengua.

Y como falta fe sobran identidades y todo se precipita hacia el abismo de la independencia, que se vive con una cierta sensación de vértigo suicida. Ya lo decía Felipe González, a quien preocupaba, a mí también, que las identidades sustituyeran a las ideas. Yo más bien diría que los nacionalismos sustituyan a las cosmovisiones. Porque seamos claros: Cristo puede llenar una vida, incluso algún humanitarismo puede proporcionar parecida realización, sobre todo la familia y la amistad, pero sentirse español o sentirse catalán no puede llenar una vida, entre otras cosas porque no lo elegimos nosotros, como no elegimos nacer.    

Un identitario vive en perpetua comparación, y ya se sabe que las comparaciones no sólo son odiosas sino, además, estériles y agotadoras. Siempre llevan a la sensación de agravio permanente. Por eso, el grito que ahora se escucha en Cataluña es este: "España nos roba".

Leo en el diario El Segre, editado en Lérida, una carta al director que recoge todos los tópicos del nacionalismo catalán actual. Los resumo en dos. El primero, España es pobre y vaga y nos quita nuestro dinero. Si fuéramos independientes, seríamos más ricos.

No es verdad. La fiscalidad es igual para todos en España -bueno, casi- y los más ricos aportan más que los más pobres. Así debe ser. Pero no los catalanes los que más aportan. Por ejemplo, por su mayor renta per cápita, Navarra, Rioja, Euskadi o Madrid aportan más a la media nacional que Cataluña. Y Andalucía, Canarias, Extremadura, La Mancha o Asturias aportan menos. Lógico.

Respecto a los instrumentos compensatorios, resulta que en el último reparto de déficit el resto de los españoles, es decir, el Estado, han sido particularmente generosos con dos comunidades especialmente endeudadas: Cataluña y Valencia. El Gobierno español ha sido particularmente bonancible con ellas y especialmente duro con, por ejemplo, los residentes en Madrid.

Segundo tópico: Madrid nos impide acudir a los mercados financieros. Hombre, esto resulta especialmente cómico. Miren ustedes, en plena crisis financista, el éxito de un político no se mide por su capacidad para acceder a los mercados financieros sino por su capacidad para no necesitar acudir a esos mercados.

En cualquier caso, una Cataluña independiente, con una nueva moneda, aunque fuera admitida en el euro -esa es otra cuestión-, se vería ahogada por la deuda y su banca, Caixabank y Sabadell, se vería abocada a la ruina por falta de recursos propios. Los especuladores se ensañarían con ella mucho más de lo que se ensañaron con el conjunto de España durante el verano de 2012.

Y lo que más me duele es que Jordi Catalán, al igual que Juan Español, no tiene por qué saber esto, pero los dirigentes nacionalistas, al menos los de CIU, sí lo saben, pero sometidos al vértigo independentista callan o mienten… o ambas cosas a la vez.

Eulogio López

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