Mel Gibson tiene muchos defectos, sobre los que no me extenderé porque ya se encargan de exagerarlos todos sus enemigos, y una gran virtud: cuenta las cosas tal y como ocurrieron… y entonces se encuentra con que no hay nada más negado que la verdad.

Resulta que el canal Antena 3 ha emitido Apocalypto, la tercera obra maestra de Gibson tras La Pasión de Cristo y Braveheart. Tenía que ser un australiano quien profundizara en el sentido de la evangelización española de América, por el sencillo método de describirnos la sociedad que evangelizaron los españoles en América, cuando España era el motor del mundo cristiano, es decir, del mundo.          

Recuerdo cuando asistí al estreno de la cinta en un cine madrileño. Al terminar, escuché el comentario de una chiquita primorosa: "Pero, ¿Qué se ha creído este tío?".

Es decir, que el señor Gibson había contradicho todos los tópicos antiespañoles que nuestra buena muchacha había mamado desde hacía años en España, 'of course', como si se tratara de un Evo Morales cualquiera.

Comentario que contrastaba con el expresado por Juan Pablo II cuando contempló otra inquietante película de Gibson, la mencionada Pasión de Cristo, su obra maestra. Una película más dura aún que Apocalypto, pero que provocó en el pontífice un comentario bien distinto y definitivo: "Así fue".

A veces la realidad es dura pero no por ello debemos cambiarla.

Eulogio López

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