El obispo José Ignacio Munilla argumenta mejor que yo, así que lo mejor que pueden hace es leerle a él. El acuerdo firmado entre el Gobierno y la Iglesia sólo ha servido para dos cosas: ahonda en la idea que tienen cada día más espectadores de la tele pública, convencidos de que los curas son esos señores que se dedican a violar niños y, ya puestos, en la idea de que todo vale, con tal de dañar a la Iglesia.

Abomino de la pederastia como el que más y acepto que la pedofilia en un cura es más grave que en cualquier otra persona: es el pastor que se convierte en lobo. 

Ahora bien, dicho esto, conviene recordar que estamos ante una campaña global donde el Nuevo Orden Mundial (NOM) acusa la Iglesia de pederastia (una cantidad ínfima de los sacerdores han caido en esa infamia, muchos menos que el porcentaje de laicos pedófilos) mientras ese mismo Nuevo Orden Mundial cristófobo, al que le gusta la pederastia, prepara la legalización y normalización de la pederastia. Ya saben, para cuando ya no se pueda dañar más a la Iglesia.

Esta es una historia de traidores y de sinvergüenzas. Los primeros son los curas pederastas, los segundos son Sánchez, Bolaños, Gabilondo y otros activistas aprovechados.

Sánchez dirige todo el montaje. El Sanchismo todavía no asesina sacerdotes, como sus antecesores de 1931, pero practica el ataque sistemático a los sacerdotes. El ministro Bolaños es el encargado de golpear a la Iglesia, el mayor enemigo del profanador. Miente de continuo, sin miramiento alguno pero al Bolas poco le importa, su relación con la verdad es esporádica.

Luego está el Defensor del Pueblo, el excura Ángel Gabilondo, fautor de la más asombrosa exageración que vieron los tiempos, donde ha multiplicado por no se sabe cuántos los casos de pederastia y asegurado que su investigación, alguna de los casos, sencillamente inventados, ha contado con la contra de la Iglesia.

Mejor no hablar de los activistas: el presidente de una asociación de víctimas representa un caso falso, inventado por él y que ha condenado a un inocente al destierro social... y le ha estropeado la vida.

Todo esto da un poco de asco.