Hemos escuchado a Sánchez decir que la okupación es un bulo, o la ministra de Vivienda decir que es más fácil que te roben el móvil que te okupen la casa y al ministro de Interior asegurar que no es que bajes a por el pan y te encuentres la casa okupada. También a los de Yolandísima. Así, la coordinadora general de SumarLara Hernández, aseguró que los okupas "no existen" y que la inquiocupación es un "relato" que, a su juicio, introduce la ultraderecha en su "batalla cultural".

Esta misma semana veíamos como, esta es la teoría, pero la realidad es distinta.

No solo lo vemos en el gasto del Gobierno, sino en lo que en Hispanidad hemos llamado 'el escudo social del Gobierno', un grupo de ciudadanos en los que el Ejecutivo carga con la responsabilidad de mantener a los que no pueden acceder a una vivienda por su gran Ley de Vivienda.

Esta semana encontramos dos nuevas incorporaciones. Primero, un hombre de más de 70 años que es propietario de dos viviendas en Palma que vive en su propia plaza de parking.

Según ha podido saber Okdiario, hace años alquiló sus dos inmuebles a ciudadanos de origen marroquí, han dejado de pagarle y se niegan a salir, mientras el propietario se ve obligado a vivir en el garaje: "un colchón desgastado sobre el suelo, un microondas conectado como puede, una radio antigua que suena a deshoras, ropa amontonada, maletas abiertas, bolsas repletas, restos de comida. Basura acumulada en un espacio pensado para coches, no para personas".

El otro caso llega desde Getafe, en Madrid. Arsenio tiene 84 años, su inquilino se convirtió en okupa y le adeuda cerca de 7.000 euros. "Yo he trabajado 15, 16 horas diarias para poder vivir al final un poco bien y que ahora tenga que estar así es fatal". 

"Me debe 5.000 euros de alquiler y tienen 2.000 y pico de luz", explica. Alquiló su vivienda en 2017 por los problemas de salud de su mujer: "Me tuve que ir de ahí por cuestiones de enfermedad de mi mujer, me tuve que ir donde están mis hijas en Seseña. Estaba por allí alquilado y la señora del piso me dijo que le hacía falta y se lo dejé, como es lógico".

Cuando Arsenio necesitó recuperar su piso, comenzaron los problemas: "Me puse a buscar, pero ya me encontraba con 800, 900 euros de alquiler y claro, con la pensión que yo tengo, yo no puedo pagar esto". El inquilino, convertido en okupa, no se va, por lo que tienen que vivir en una habitación alquilada: "Me alquiló una habitación y estoy pagando 200 euros por una habitación con derecho a cocina, y la ropa la bajo a lavar a una lavandería por no lavarla allí".

Asegura que le envió una carta al inquilino diciéndole que necesitaba la vivienda: "La estuvo leyendo y después de leerla me dijo: 'Yo no te firmo la carta porque si te firmo la carta me tengo que marchar'. ¿Qué pasa entonces? Dice: 'Yo es que mientras no encuentre una casa bien, pues no me voy'".

"Le dije, bueno, pues entonces va a tener que venir mi yerno a hablar con usted porque a mí no me hacen caso. Me respondió: 'Si aquí viene alguien que no seas tú, cojo una daga y le corto el cuello'. Y a mí ya me dio miedo".

Pero cuidado, que el chollo parece que se acaba.