En Hispanidad no nos recreamos con los escándalos de curas concretos, para no dar pábulo a los cristófobos. Tampoco criticamos en exceso algunas manifestaciones de algunos obispos que parecen hechas de cara a la galería, generalmente cuando un prelado pretende hacerse el progre, para ser aceptado por el mundo. De hecho, ocultamos estas vergüenzas para no dar pábulo al escándalo. Pero lo del caso del cura de Toledo exige pensar en qué está pasando.

Ahora bien, los escándalos clericales empiezan a resultar tan habituales como difundidos, quizás, porque la autoridad eclesiástica no llama al orden de manera ejemplarizante. No puede ser que el silencio provoque el mayor de los escándalos: la confusión de los fieles. 

Lo que nos preocupa es que los curas malos pretendan pasar por buenos y convertir su pecado en mandamiento

Obispos: preocupaos de vuestros curas, que ya hay "bastante mariconeo en los seminarios", como dijo el Papa Francisco. Cuando hay que cortar se corta para que los excesos no se conviertan en norma: eso no es caridad, es confusión. Especialmente si, como está ocurriendo en España, los buenos curas son los perseguidos por la jerarquía… que ya es el colmo.

Obispos: vuestra función es enseñar, no agradar.