Se extraña nuestra esquelética civilización progresista de que los jóvenes no respondan a sus muy inmutables principios. Son unos machistas, claman, unos insufribles homófobos y ni tan siquiera se preocupan por el planeta. 

Yo diría que los jóvenes, más que argumentar la realidad la perciben. Son aún más sensibles que los mayores al tópico, sea este cierto o falso. 

Creo que lo que ocurre es que los progresistas llevan tres cuartos de siglo con algo de poder, primero, con todo el poder después. Ahora en su capítulo final, naturalmente los jóvenes se han dado cuenta de que el emperador va desnudo y que el camelo progre nada tiene de progresista y mucho de camelo. 

Y ojo, no es que los jóvenes se hayan recristianizado y, por tanto, siga todo enfrente del gran enemigo de la Iglesia, el progresista. No, la juventud, quisiera decirlo contrario, no se ha convertido a Cristo simplemente se han percatado del vacío progre, de lo pueril y francamente estúpido que resulta el enemigo de Cristo: el progresismo.

En 2025, los progres caminan hacia la tumba, lo que me temo es que en lugar de ser sustituido por un renacimiento cristiano, sea sustituido por algo peor que el progresismo; la blasfemia contra el Espíritu Santo. Es el paso histórico entre quienes aseguran que el bien y el mal no existen a quienes aseguran que el bien es el mal y el mal es el bien. De lo más peligroso.