No me asusta la Inteligencia Artificial (IA). Si acaso, me asusta los puestos de trabajo que ya está destruyendo, pero es algo que ocurre con todo salto tecnológico, desde la revolución industrial. Saltos que hay que amortiguar, pero que no se pueden anular.
La IA no sólo fulmina trabajadores, sino que, además, también fulmina trabajos. Mismamente, el trabajo de periodista y de todo aquello que tenga que ver con la comunicación.
Es muy sencillo: la Inteligencia Artificial no es Dios... porque no crea nada. Recuerden: las cosas se explican fácilmente unas por otras. Lo difícil es explicar por qué hay cosas. Es fácil explicar cómo algo pequeño se convierte en algo grande, pero resulta más difícil explicar de dónde surgió lo pequeño.
La IA no es Dios, aunque se empeñen en ello Larry Page, Elon Musk, Jeff Bezos, Sam Altman o Bill Gates. Lo primero es Dios, creador del hombre, luego el hombre, creador/transformador de la IA
También me preocupa que la IA, como toda la tecnología, aumente el poder de lo grande frente a lo pequeño... y servidor es fan de lo pequeño, también de la pequeña empresa, del profesional independiente, del autónomo o trabajador que se crea su propia nómina, su propia propiedad... valga la redundancia.
Ahora bien, sustituir a Cristo por la Inteligencia Artificial puede resultar un tanto pretencioso. Verán: todo se explica una vez creado, pero lo que no se puede explicar, al menos con la ciencia, es el salto de la nada a la existencia. Y la IA, por mucho que se le asigne el adjetivo generativa, no genera nada. Simplemente es una calculadora potentísima que recuerda y desarrolla el pensamiento creado por el hombre quien, a su vez, es creado de la nada por Dios.
Otra cosa es que los creadores de la IA se sienten dioses... pero eso sólo es su problema.
Dicho esto, ¿la IA va a conseguir avances formidables? Sí y sólo espero que no consiga avanzar a costa de destruir lo anterior, ese modelo que tantos aplauden y que conocemos con el nombre de progresismo... una de las doctrinas más crueles e inclementes, que haya inventado la humanidad (con inteligencia natural, no artificial). Es decir, que no se imponga por comodidad, destruyendo labores humanas.
Que no nos entre el vértigo idólatra, que invierte el proceso natural y que opta por la siguiente necedad: no existe un Dios personal, sólo existe el hombre idiota, que se niega a adorar a Dios mientras adora aquello que él mismo ha creado: la IA
Pero crear, lo que se dice crear, aquí sólo crea Dios. Y otra cosa: sólo Dios hace milagros, sólo Dios Creador de la naturaleza, puede invertir las leyes naturales en un momento dado sin que ello se destrice... el continuo natural. La IA, por contra, no hace milagros, sólo desarrolla -de forma espectacular, ciertamente- la inteligencia natural que un hombre -ser creado previamente por Cristo, de la nada- le ha proporcionado.
Pero la IA no es Dios, aunque se empeñen en ello Larry Page, Elon Musk, Jeff Bezos, Sam Altman o Bill Gates. Lo primero es Dios, creador del hombre, luego el hombre, creador/transformador de la IA.
Así que, por favor, que no nos entre el vértigo idólatra, que invierte el proceso natural y que opta por la siguiente necedad: no existe un Dios personal, sólo existe el hombre idiota, que se niega a adorar a Dios mientras adora aquello que él mismo ha creado: la IA.










