Conrado Giménez, presidente de Fundación Madrina, repasa la fase de reconstrucción tras el paso del fuego por la Comunidad de Madrid y Ávila: "pueblos como Casavieja que se quedaron sin cobertura mientras ardían, casas sin luz ni agua, familias que han perdido su empleo, animales sin pienso, niños con secuelas emocionales y una petición urgente de protocolos de coordinación público-privada para que la ayuda no dependa, otra vez, de la improvisación".

Mientras las ayudas autonómicas y la sociedad civil han respondido con rapidez, la ayuda estatal, denuncia Giménez, “o llega muy tarde o no llega”. La organización, con 25 años de trayectoria en emergencia humanitaria, cierra la primera fase de su respuesta -desplegada en 77 puntos de la región- y encara ya la reconstrucción, mientras extiende su operativo a los doce pueblos desalojados en Zamora.

“Se puede encontrar de todo”, resume Giménez sobre lo que las familias se van a encontrar al volver a sus municipios: desde viviendas totalmente inhabitables hasta fincas con la electricidad, el agua o el aire acondicionado inutilizados. Los alcaldes, explica, están pidiendo sobre todo maquinaria y apoyo para retirar toneladas de escombros, mientras varias familias han comunicado a la fundación la pérdida de su empleo o de todo el contenido de su nevera. “Ahora hemos hablado con todos los municipios y nos están comentando qué necesidades tienen; estamos en esa fase preliminar de la segunda fase”, señala el presidente, que adelanta que en los primeros días la prioridad será la limpieza, la electricidad y contactar con electricistas y fontaneros.

Además del material de primera necesidad, la fundación ha activado una plataforma en su web, madrina.org, donde los afectados por cada incendio pueden ponerse en contacto con un equipo de médicos, juristas y psicólogos. “Todo esto ha cambiado mucho la vida de las personas: de pronto dejarlo todo deprisa y corriendo”, explica Giménez, que subraya un efecto poco visible en las imágenes de la catástrofe: el impacto en quienes tienen animales de compañía. “Los más afectados son la gente que tiene animales: qué van a hacer con ellos, el tema de la alimentación, si no han muerto”, lamenta el presidente de la organización, que confirma que ya han recibido peticiones de material médico infantil específico".

Willmary Jiménez, usuaria y voluntaria de Madrina desplazada a la zona, resume la otra cara de esta emergencia, la que no se ve en las imágenes de material repartido: “hay heridas emocionales muy profundas que muchas veces no se ven, pero que necesitan atención urgente”, explica, recordando a una mujer mayor que se acercó a la zona médica no a pedir comida, sino a que alguien la escuchara. Su mensaje a los afectados estos días ha sido siempre el mismo: pedir ayuda no es una señal de debilidad, sino un acto de valentía.

“Los niños se han desubicado. Ellos no saben lo que ha pasado, solo saben que no están en su casa, y la forma que tienen de expresarlo es a través de no dormir o de empezar a tener dolores por todas partes”, explica. Esos síntomas físicos sin causa aparente, añade, son “una luz de emergencia que se enciende” y que las madres comunican a la fundación.

El presidente de Madrina pide actuar desde los primeros días para evitar que ese trauma se consolide, con especial atención a los niños con autismo u otras patologías, que “sin duda están sufriendo más”, y con un acercamiento “con mucha prudencia y mucho respeto” hacia las personas mayores. “La mejor forma de normalizar la situación es que vuelvan a sus hogares; si hay algún problema, pueden llamarnos perfectamente e intentamos ayudarles”, ofrece.

El presidente de la organización insiste en que la colaboración público-privada debe ser “fundamental” y transparente, “que no sea oscura, que no busque la vida cada uno por su lado”, y avanza que el trabajo de la fundación en esta reconstrucción seguirá centrado en su ámbito de especialización: la infancia y la maternidad vulnerable, los colectivos que, recuerda, más se multiplican en cada catástrofe. Giménez ha querido cerrar su intervención con un agradecimiento explícito a los servicios de emergencia: agentes forestales, Guardia Civil, Policía Local y Nacional, UME y Protección Civil, “porque todo suma, y todos podemos ayudar a que las ayudas lleguen mucho más rápido y, sobre todo, se mantengan en el tiempo”.