
La ideología de género constituye, en el momento presente, el mayor enemigo al que hoy se enfrenta el cristianismo. Lo dijo, por ejemplo, un tal Benedicto XVI: "la ideología de género es la última rebelión de la creatura contra su condición de creatura".
Que sí, que somos seres contingentes, que no nacimos nos nacieron... y podían no habernos nacido. Vamos, que somos poquita cosa, seres contingentes, no necesarios, creados por amor porque Dios es amor... y eso es para estar agradecidos pero no 'sobraos'.
Y de la misma forma que no decidimos nacer, tampoco pudimos, ni podemos, decidir si nos nacieron hombre o mujer, listos o tontos, guapos o feos. El Creador lo decidió por nosotros.
Y dijo Satán a Dios: "Tú les prometes libertad, yo les propongo el arbitrio. Tú les das amor, yo les ofrezco emociones. Tú quieres la justicia, yo la igualdad perfecta que anula toda diferencia"
Negar esto, como hace la ideología dominante, es mala señal. El fallecido cardenal Carlo Caffarra define así la corriente de género: "Supone el último desafío a Dios Creador diciéndole: yo te enseño cómo construyo una creación alternativa a la tuya y verás que los hombres dirán: se está mejor así. Tú les prometes libertad, yo les propongo el arbitrio. Tú les das amor, yo les ofrezco emociones. Tú quieres la justicia, yo la igualdad perfecta que anula toda diferencia".
Y recuerden: podemos rebelarnos contra Dios pero Dios nunca pierde batallas. Nosotros sí.









