El éxito propagandístico del Sanchismo estriba en repetir las mismas ideas-fuerza en los mas diversos escenarios y de las más diversas maneras. Pero quédense con el verbo: repetir.

Ejemplo: el llamado negacionismo. Sánchez repite ese concepto equívoco y un tanto viscoso y consigue convertirlo en el peor de los insultos, antes de que la mayoría sepa qué significa. Además puedes conseguir que tus adversarios políticos lo asuman, que es la mayor de las victorias en política. Por ejemplo, la extremeña María Guardiola, del PP, quien acusa a Vox de negacionismo de la violencia de género.

Naturalmente, ningún miembro de Vox niega que existan hombres que apalean a sus mujeres y no dejan de condenar con ganas ese abuso. Lo que ocurre es que Vox piensa que muchas mujeres también se comportan violentamente con los hombres y que la única violencia que existe no sólo es la violencia física. ¿Eso es negacionismo?

Lo mismo ocurre con el campo, donde se emplea con más insistencia lo del negacionismo: el cambio climático. También aquí puede decirse que no existen negacionistas del redicho cambio climático. Todos tenemos ojos. 

Ahora bien, los negacionistas no son los que no creen en el cambio climático, son los que están hartos de las exageraciones de los que sí creen, o de los cretinos que creen que un pacto político nacional acabaría con el calentamiento global, el cambio climático, como si el hombre pudiera cambiar el clima por consenso político. No hay negacionistas, hay alarmistas y hay mucho cretino, por ejemplo Pedro Sánchez, que se cree capaz de detener, él solito, los cambios climáticos y, sobre todo, capaz de culpar al PP de negacionista por no firmar un pacto nacional contra el cambio climático. No hay negacionistas, hay alarmistas. Y mucho, mucho demagogo. Y en la propaganda sanchista, negacionista es, como siempre, aquel que no piensa como Sánchez... que tampoco piensa mucho.

Al ser humano, el cambio climático le viene demasiado grande: un poquito de humildad.