
Es una víctima más de los milicianos republicanos, socialistas, comunistas y anarquistas, todos ellos ideológicamente esclavos de la masonería, que en España alcanzó el cénit de su poder durante la II República.
Un asesinato más, porque hubo miles de mártires católicos en la España de Alcalá-Zamora, Manuel Azaña, Indalecio Prieto, Largo Caballero, Lluís Companys... Y así, el que quiera leer sobre la gran mentira de la Memoria Democrática del Sanchismo, que convierte a los verdugos en víctimas y a las víctimas en verdugos, que siga, en Hispanidad, al catedrático de Historia Contemporánea, Javier Paredes.
Pero yo me quedo mucho más acá. Me quedo en la sucinta biografía que acabo de leer de un desconocido, un tal José María Ferrándiz Hernández, un sacerdote nacido en Campo de Mirra (Alicante) en 1879. Sacerdote desde 1904, en septiembre de 1936 fue detenido por los milicianos. Le metieron en un coche y en las cercanías de la localidad de Rotglá-Corbera le dijeron que podía irse, que quedaba libre.
Como sabía lo que iba a ocurrirle, y esto es lo que más me ha impresionado, el padre Ferrándiz abrazó al que segundos después le asesinaría.
Hay que tener muchos redaños para hacer eso... y mucha paciencia para soportar cómo manipula la historia de España el actual Gobierno de España.









