
Las infecciones del tracto urinario son uno de los problemas de salud más frecuentes en las mujeres: hasta 6 de cada 10 las sufrirán al menos una vez en su vida, con una mayor incidencia en la edad fértil, según datos de la Asociación Española de Urología, y 1 de cada 4 volverá a tenerlas de forma recurrente. Aunque la mayor parte de los episodios son leves y se resuelven sin complicaciones, su repetición no debe normalizarse.
Entender por qué aparecen, cuándo hablamos de infecciones recurrentes, y qué hábitos ayudan realmente a prevenirlas, es clave para evitar tratamientos innecesarios, reducir el uso de antibióticos, y mejorar la calidad de vida, tal y como explica el doctor Salvador Esquena, director de UROCAT y jefe del Servicio Transversal de Urología del Hospital Universitari General de Catalunya, Hospital Universitario Sagrat Cor, y Hospital Quirónsalud del Vallès.
“Cuando una mujer presenta infecciones de repetición, es fundamental analizar las causas y plantear un abordaje que vaya más allá de tratar cada episodio de forma aislada. En la mayor parte de los casos, estas infecciones cursan de forma no complicada; de hecho, entre el 50% y el 80% de los episodios de cistitis se resuelven sin problemas asociados. Sin embargo, alrededor del 25% de las mujeres volverá a presentar una infección tras un primer episodio, lo que pone de manifiesto la relevancia clínica de las infecciones del tracto urinario recurrentes (ITU-R)”, asevera este experto.
No todas las mujeres con ITU-R necesitan estudios complejos, pero sí una evaluación rigurosa que permita identificar factores predisponentes y evitar el uso repetido e innecesario de antibióticos

"No todas las mujeres con ITU-R necesitan estudios complejos, pero sí una evaluación rigurosa que permita identificar factores predisponentes y evitar el uso repetido e innecesario de antibióticos", señala el doctor.
Desde el punto de vista clínico, manifiesta el doctor Esquena que se considera que una mujer presenta ITU-R cuando sufre 2 o más episodios de infección urinaria en 6 meses, o 3 o más en el plazo de un año: “Esto implica cambiar el enfoque asistencial y pasar de tratar episodios aislados a analizar las causas que favorecen su repetición, para diseñar una estrategia que permita reducir la frecuencia de nuevas infecciones”.
Cómo se realiza el diagnóstico
El diagnóstico de una infección del tracto urinario comienza por una correcta valoración clínica, siendo sus principales síntomas, tal y como detalla:
-Dolor en la parte baja del abdomen, relacionado con el llenado o el vaciado de la vejiga.
-Síntomas miccionales como escozor, urgencia o aumento de la frecuencia urinaria.
“La presencia de estos síntomas no siempre implica que exista una infección urinaria. De hecho, se estima que entre el 30 % y el 40 % de las mujeres con síntomas compatibles presentan urocultivos negativos, lo que indica que el origen del malestar puede ser distinto, y no responder a una infección bacteriana”, subraya este urólogo.
Es por ello por lo que a la hora de descartarlo de otros episodios sea fundamental la realización de pruebas sencillas, como el cultivo de orina, donde identificar la bacteria responsable de la infección, y seleccionar el antibiótico más adecuado: “En la mayor parte de los casos, la cistitis está causada por la bacteria ‘Escherichia coli’, responsable de entre el 70% y el 80% de las infecciones urinarias no complicadas”.
En la mayor parte de los casos, la cistitis está causada por la bacteria ‘Escherichia coli’, responsable de entre el 70% y el 80% de las infecciones urinarias no complicadas
Pero en el caso de las infecciones de orina hay que tener mucho cuidado con la toma de antibióticos y hacer un uso responsable y correcto de los mismos. "El tratamiento antibiótico debe dirigirse a la bacteria concreta responsable de la infección. En las ITU recurrentes, el cultivo de orina es clave para ajustar el tratamiento y reducir el riesgo de resistencias, y no debería sustituirse únicamente por una tira reactiva o por la presencia de síntomas", remarca el Dr. Esquena.
Aun así, insiste en que la realización de análisis y cultivo de orina es fundamental, ya que tratar de forma empírica o repetida sin confirmación microbiológica puede favorecer la aparición de resistencias bacterianas, “un problema creciente en salud pública”, y alterar la flora protectora del tracto urinario, aumentando el riesgo de nuevos episodios.
Prevención de las infecciones de orina
A su vez, el doctor Esquena aconseja adoptar determinados hábitos de forma continuada, ya que esto puede reducir de manera significativa la frecuencia de los episodios:
-Mantener una hidratación adecuada, que favorezca la eliminación de bacterias a través de la orina.
-No retrasar la micción y procurar orinar de forma regular, aproximadamente cada 2–3 horas, para evitar la acumulación de orina en la vejiga.
-Orinar tras las relaciones sexuales cuando existe relación temporal con los episodios de infección.
-Evitar productos de higiene íntima agresivos o perfumados, que pueden alterar los mecanismos de defensa locales.
-Limitar sustancias irritantes para la vejiga, como cafeína o alcohol, en mujeres sensibles.
-Favorecer una adecuada flora vaginal, especialmente en etapas hormonales como la posmenopausia.
-En determinados casos, valorar el uso de extracto de arándano rojo americano, que puede dificultar la adhesión de las bacterias a la pared del tracto urinario.
El doctor Esquena aconseja adoptar determinados hábitos de forma continuada, como mantener la hidratación adecuada o no retrarsar la micción, ya que esto puede reducir de manera significativa la frecuencia de los episodios
¿Qué favorece las infecciones de orina?
"Comprender los mecanismos que están favoreciendo estas infecciones urinarias recurrentes es el primer paso para definir medidas preventivas que se ajusten a la situación de cada mujer", sostiene el doctor.
Subraya así que la recurrencia de las mismas no suele responder a una única causa, sino a la combinación de varios factores que facilitan la llegada y persistencia de bacterias en la vejiga, como las relaciones sexuales, los factores anatómicos, los cambios hormonales, hábitos miccionales inadecuados, como retrasar la micción de forma habitual, o el haber presentado infecciones urinarias previas antes.
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