La alopecia areata (AA) es una condición capilar de origen autoinmune que se clasifica como un tipo de alopecia no cicatricial. Esta condición se caracteriza por una aparición repentina de una o varias placas circulares o áreas de piel completamente despobladas de cabello, cuyos bordes se encuentran perfectamente delimitados.

“Se manifiesta clínicamente mediante la aparición repentina de una o más placas o áreas de piel sin cabello, de borde bien delimitado. Aunque se puede afectar cualquier área con folículos a nivel corporal, se afecta con más frecuencia al cuero cabelludo (90% casos), seguido de cejas y pestañas”, subraya Ana Rita Rodrigues, jefa del Servicio de Dermatología de los hospitales Quirónsalud Valle del Henares (Torrejón de Ardoz) y Quirónsalud Sur (Alcorcón).

Doctora

 

 

 

Su diagnóstico es fundamentalmente clínico, y mediante los hallazgos observados mediante tricoscopia, aunque puntualmente puede ser necesaria la realización de una biopsia cutánea para diferenciar la alopecia areata de otras causas de alopecia, precisa esta experta.

Ocasionalmente puede ser de utilidad un estudio analítico e inmunológico, sobre todo, si hay sospecha de asociación con algún otro proceso de naturaleza autoinmune: “En ocasiones la alopecia areata puede ser difícil de diferenciar de otras alopecias como la tricotilomanía, efluvio telogénico, alopecia androgenética, y algunas alopecias cicatriciales”.

Así, y en función de la superficie afectada se clasifica de la siguiente forma:

  • Alopecia areata placa única.
  • Alopecia areata en múltiples placas, multifocal, o reticular.
  • Alopecia areata total: afectación de la totalidad del cabello del cuero cabelludo.
  • Alopecia areata universal: afectación de la totalidad del cabello del cuero cabelludo y del vello corporal.

Además, la doctora Rodrigues subraya que pueden darse estados evolutivos en un mismo paciente, ya que en aproximadamente el 5% de los pacientes que padecen AA pueden evolucionar a alopecia areata total o universal. “Normalmente es una enfermedad asintomática, aunque en un porcentaje no determinado de pacientes, se puede referir prurito, sensación de escozor, o tricodinia previamente a la aparición de las placas de alopecia”, agrega.

Esta tricóloga subraya igualmente que el curso clínico es variable, y se puede producir una repoblación espontanea en el 40% de los casos, o bien una progresión hacia formas multifocales o totales/universales (7%). “A lo largo de la vida es frecuente que el paciente presente varios episodios de la enfermedad. La progresión a la alopecia total es más probable en niños”, advierte esta experta de Quirónsalud Sur y Quirónsalud Valle del Henares.

Aquí, eso sí, precisa que se consideran factores de peor pronóstico las formas clínicas de mayor extensión (alopecia areata total/universal), ofiasis, de mayor tiempo de evolución (más de 1 año), además de ser del sexo masculino, presentar alteraciones ungueales, y enfermedades tiroideas asociadas.

Posibles causas de la alopecia areata

Con todo ello, remarca esta dermatóloga que su exacta etiopatogenia es desconocida, aunque se ha confirmado la existencia de factores genéticos, procesos de naturaleza autoinmune, y otros factores ambientales que actuarían como desencadenantes: “La existencia de casos de alopecia areata observados en gemelos homocigotos apoya un componente genético en la enfermedad. Además, los antecedentes familiares son positivos en el 4-28% según diferentes estudios”.

En concreto, se desarrolla con más frecuencia en niños y en adultos jóvenes entre la tercera y la cuarta década, aunque se puede manifestar a cualquier edad, sin predominio entre sexos. “Su incidencia estimada es de 2,1%, y la incidencia familiar del 10-50%. En el 30% de los pacientes se asocia una enfermedad autoinmune, y a pesar de ser una enfermedad de afectación exclusiva cutánea, puede afectar de forma importante la calidad de vida del paciente. Se puede producir una repoblación espontanea (34-80%) o con tratamiento, pero ninguna alternativa terapéutica alterna el curso de la enfermedad”, añade Ana Rita Rodrigues, jefa del Servicio de Dermatología de los hospitales Quirónsalud Valle del Henares y Quirónsalud Sur.

El tratamiento varía según cada paciente

Las pautas terapéuticas de la alopecia areata se establecen en función de la edad del paciente, de la extensión, del tiempo de evolución de la enfermedad, y de otras circunstancias del mismo, según prosigue. “Al final siempre es individualizado. No existe, a día de hoy, ningún tratamiento que altere el curso natural de la enfermedad. Las formas aisladas y en pocas placas, especialmente en niños, suelen repoblar de forma espontánea, por lo que se puede adoptar una actitud expectante, o utilizar corticoides tópicos y/o intralesionales”, agrega.

Ya en las formas más extensas o rápidamente progresivas, suele ser necesario la administración de tratamientos sistémicos, como los corticoides orales, los inmunosupresores como la ciclosporina, el metotrexato, y la azatioprina, entre otros. “La inmunoterapia de contacto con difenciprona también se puede utilizar en formas extensas, ya que asocia una frecuencia de respuesta hasta del 60%”, precisa.

Pero también comenta que los inhibidores de la JAK quinasa (como el Tofacitinib y Baracitinib) constituyen una terapia esperanzadora en el tratamiento de la alopecia areata extensa, con varios artículos en los que se ha comprobado eficacia con estos fármacos, que se corrobora con la práctica clínica diaria. Apunta esta doctora que entre las limitaciones de su uso se encontrarían su elevado coste y la posibilidad de recaídas al suspender el tratamiento.

“Otros tratamientos descritos incluyen: terapia fotodinámica, inhibidores de la calcineurina, inhibidores de las prostaglandinas, bexaroteno, laser, sulfasalazina, fármacos biológicos, aspartato de zinc y biotina, simvastatina/ezetimibe, plasma rico en plaquetas, alitretinoina, crioterapia, trasplante de microbiota fecal, entre otras”, concluye esta experta.