Ya lo dijo nuestro amado líder, el chino Xi Jinping: "La humanidad debe elegir entre la paz y la guerra". 

Por ahora, sin necesidad de que todo el conjunto de la humanidad escoja hemos conseguido una violencia creciente. Esta semana, Rusia ha aportado su granito de arena con un bombardeo de Polonia con drones.

La vigencia del suicidio: 746.000 personas se suicidaron en el mundo, cifras de 2021, un fenómeno que parece ir en aumento

Lo cierto es que existe una violencia creciente en la humanidad. Conflictos en Ucrania, ahora extendido a Polonia, Gaza, Líbano, Libia, Sudán, Congo, Madagascar, Nepal, Birmania, Tailandia, Cachemira (entre India y Pakistán), Camboya, Venezuela, Siria, Yemen... la guerra se generaliza en los cinco continentes, pero también los enfrentamientos civiles: Venezuela, Colombia, Myanmar (antigua Birmania), Somalia, Ruanda, Congo, Nigeria, Mali, Chad... más los altercados sociales cada vez más presentes en todo el globo, con enfrentamientos de inmigración en Reino Unido, de recortes en Francia, de violencia yihadista en Alemania y Austria...

Un mundo, en suma, en violencia creciente y que sufre de una degeneración moral sin precedentes. Media humanidad todavía duda sobre el bien y el mal y la otra media ha decidido que lo bueno es malo y lo malo es bueno en una suprema inversión de valores desconocida, al menos por éste su seguro servidor, hasta el momento presente. 

Ya saben: quien tiene un porqué para vivir acaba encontrando el cómo. Pero si no existe Dios, o ese Dios no es padre: ¿dónde radicará nuestra esperanza?

¿La solución? La vuelta a Cristo. No hay otra: la recristianización de un planeta descristianizado. O la humanidad vuelve Dios o se suicidará... que es a lo que tiende en este justo momento.

Hablando de suicidios: con cifras de 2021 se suicidaron en el mundo 746.000 personas, que es otra forma de violencia. No en vano, el suicidio es el peor de los homicidios. Y el más ingrato.

Para vivir se necesita un motivo... y esperanza.