Hispanidad ha contado los ataques militares de Azerbaiyán (país musulmán) a Armenia (país cristiano) en la República de Artsaj (también llamada Nagorno-Karabaj), a la que, tras someterla a una “limpieza étnica” y bloquearla para que no recibiese alimentos, la han hecho desaparecer como territorio cristiano autónomo, adueñándose de él, con el apoyo de Turquía, en septiembre de 2023.
En concreto, los cristianos armenios que habitaban en la región autónoma de Nagorno-Karabaj se vieron obligados a huir de su tierra ante el temor a un genocidio -unos 120.000 han huido a Armenia-, tras haber sido machacados por los musulmanes de Azerbaiyán, estos últimos apoyados y armados por el presidente islamista turco, Recep Tayyip Erdogan, y bajo el beneplácito del presidente ruso, Vladimir Putin…
No obstante, el pasado agosto, ambos países rubricaron en Washington (EEUU) un borrador de tratado de paz en el que se comprometían a respetar mutuamente la soberanía y la integridad territorial.
En este contexto, el Instituto Lemkin para la Prevención del Genocidio acaba de dar la voz de alarma sobre la hostilidad del Gobierno del primer ministro armenio, Nikol Pashinian, contra la Iglesia Apostólica Armenia, en forma de arrestos e intimidaciones.
Para el Instituto Lemkin, "la Iglesia Apostólica es percibida por las autoridades como una amenaza potencial para el control estatal".
Y en el trasfondo de esto se encuentra la política del gobierno de Pashinian de intentar normalizar las relaciones con Azerbaiyán y Turquía, algo que ha sido criticado por la jerarquía eclesiástica del país.
Por ejemplo, en junio de 2025, el arzobispo Mikayel Ajapahyan, primado de la diócesis de Shirak, fue detenido por presuntas declaraciones críticas contra el Ejecutivo. También fueron detenidos, el obispo Mkrtich Proshyan, el pasado octubre, y el arzobispo Arshak Khachatryan, el pasado 4 de diciembre.
Además, un canal de televisión históricamente vinculado a la Iglesia Apostólica Armenia -de nombre Shoghakat- fue retirado de las frecuencias digitales.
El primer ministro Nikol Pashinian ha llegado a declarar: “No estoy en contra de la Iglesia, sino de quienes violan sus normas y valores”. Y añadió que la Iglesia padece una “corrupción moral” y por eso necesita ser “restaurada” por el pueblo.











