Llamamiento de Nueva York, le dicen. Refrendado ahora, en Naciones Unidas, por el representante del Vaticano, monseñor Gabriele Caccia: la solución al problema palestino son los dos Estados, el israelí y el palestino. Para más información, hablen con José Manuel Albares.

Al mismo tiempo, como ha hecho el Papa, Caccia, y aquí anda cargado de razón, arremetió contra el gobierno israelí por los muertos de hambre en Gaza. Netanyahu culpa a Hamas y seguro que tiene parte de razón pero también es verdad que los inocentes no pueden morir de hambre. Y si para evitarlo hay que perder alguna batalla, se pierde. Esto no justifica a los sinvergüenzas de Hamas, que utilizan a sus mujeres y a sus hijos como víctimas de guerra... pero sí existe hambruna.

Volvamos a la solución política. Una aclaración y un reconocimiento. Fue Naciones Unidas la que en 1948 reconoció esos dos estados, la gran solución del dulce Albares, tan emocionado con ello que tal parece la inventará él. Bueno, y Sánchez.

Pero lo cierto es que fueron los israelíes los que aceptaron la partición de Palestina en dos Estados y los palestinos los que esa misma noche empezaron a matar judíos. Ha habido muchos asesinatos desde entonces e Israel se ha dedicado a defenderse de todos ellos... hasta la llegada Benjamín Netanyahu, quien no se comporta como un hebreo sino como sionista.

Los hebreos fueron el pueblo elegido, un pueblo formidable, pero los sionistas son unos señores que crearon un movimiento posiblemente necesario en 1920 pero no hoy, cuando han superado con creces el ojo por ojo por ojo y diente por diente.

Un reconocimiento: reconozco que el esquema actual no está mal planteado por Mahmud Abás. El líder palestino, ha demostrado que tiene la cabeza sobre los hombros. Propone un Estado palestino que fagocite a Hamás, donde manden los palestinos de Cisjordania y, atención, un Estado desarmado y desmilitarizado.

Sí y a lo mejor no se lo admiten los suyos, por supuesto Hamás. Pero el planteamiento es bueno y se lo pone difícil al propio Netanyahu para no aceptarlo.

Ahora bien,¿dos Estados pero ninguna mención a Jerusalén, que debe ser la ciudad abierta de las tres religiones monoteístas? En ella, recuerden, fue crucificado Cristo, pero los cristianos llevan más de medio siglo forzados a abandonarla.

Creo que la Santa Sede vuelve a meter la pata con Tierra Santa: se ha olvidado de la cuestión jerosolimitana, la que propuso San Juan Pablo II: dos Estados, bien... más Jerusalén como una ciudad abierta, bajo mandado ONU, como sede de las tres religiones monoteístas. Cuestión fundamental sin la que, no se engañen, no habrá paz ni en Israel o en Palestina, también conocida como Tierra Santa. Sin Jerusalén, no habrá paz.

Y el observador permanente de El Vaticano ante Naciones Unidas, ni una palabra sobre la cuestión.