Donald Trump no ha logrado el fin del régimen de los ayatolás. Por tanto por el momento, y al revés que en Venezuela, ha fracasado. Esperemos que, finalmente, triunfe. Y ahora ya sólo puede perseverar en el intento y conseguir la caída de la República Islámica y a corto plazo.

Al mismo tiempo, la propia China, la otra potencia mundial y gran amigo de Irán, aunque no tengan frontera, le ha pedido a los islámicos que no ataquen más países. Recuerden que la táctica islámica consiste en algo tan sencillo como extender la guerra para hacerla realmente mundial. La guerra física, con drones y la guerra comercial, estrangulando el paso del petróleo y elevando el precio del gas. Si nosotros caemos, piensan los ayatolás, que el mundo entero se derrumbe con nosotros.

Pero China, el segundo ejército del mundo se niega a entrar en el conflicto porque sabe que eso supondría un enfrentamiento directo con Estados Unidos: la III Guerra Mundial. China e Irán personifican la peor de las alianzas: un país, dos sistemas (comunismo político y capitalismo económico) mezclado con el fanatismo islámico iraní.

Pero mucho más grave que la cuestión geo-político-económica es la crisis que sufre el sistema mundial surgido de la II Guerra Mundial. Ese sistema, que por el actual abandono del concepto de libertad y sus sustitución por el de derecho -todo son derechos- hemos llamado derecho internacional. 

Izquierda

 

Ahora bien, el derecho internacional se ha convertido en el peor enemigo de la libertad. Entre otras cosas porque ha olvidado que hay guerras justas e injustas. El planteamiento de algunos estadistas, por ejemplo del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, o del ególatra de Pedro Sánchez, es que todo inicio bélico debe ser autorizado por Naciones Unidas, lo cual resulta, cuando menos, curioso. No sirve para nada salvo para que estos dos ególatras se exhiban ante las cámaras de TV.

En el caso de Sánchez, además, hipocresía máxima: España ha puesto en marcha, no un ejército para defender al país y luchar contra el mal -somos pacifistas- sino algo peor: el bazar de las armas, que dispara la cotización de la estatal Indra... mientras nuestras ventas de armas al exterior se disparan

Pero mucho más grave resulta el hecho de que derribar a un tirano, que no sólo es un derecho sino un deber de todo hombre de bien, se haya convertido en un atentado contra el susodicho derecho internacional.

A eso, unan la igualdad de los desiguales... en nombre del derecho internacional.  Ejemplo: ¿cómo se puede unir la reacción a un salvaje acto terrorista (Hamas) o el intento de derribar la teocracia islámica de Irán, con la invasión de Ucrania? Y es que, los pacifistas igualan a los malos con los buenos al tiempo que aman la contradicción. Recuerden a Sánchez en los Goya: claro que repudiamos el régimen teocrático de Irán pero no podemos bombardearlos. O lo de Iran, la libertad no se arregla con bombazos, de doña Yolanda Díaz. Vale, pero lo cierto es que la República Islámica ya dura 47 años y el magnífico sistema pacifista de dialogar con el tirano no ha aumentado ni un adarme la libertad de los iraníes.

En la caso de Sanchismo, además, hipocresía máxima. Los norteamericanos no utilizarán sus bases en España. Pues entonces, cierre Morón y Rota. Pero es que, además, la pacifista España ha puesto en marcha, no la recuperación de la mili, un ejército para defender a los españoles y luchar contra el mal, sino el bazar de las armas. Por eso, ayer, en la Bolsa de Madrid, primer día de negociación tras el ataque israelí-norteamericano a Irán, la empresa que mejor se comportó en bolsa, tras la petrolera Repsol, por razones obvias, fue la estatal Indra. De propina, los datos más recientes sobre exportación de armas aseguran que la España de Sánchez no sólo no atempera, sino que aumenta la venta de armas en el mundo,

Lo dicho: somos pacifistas, es decir, unos hipócritas fracasados.

Mientras, la guerra se extiende. Hasta China le pide a Irán que no ataque a más países. Xi Jinping brama contra Washington pero no quiere verse involucrado.