La última hora de la guerra de Irán pasa, de nuevo, por los ataques mutuos entre Teherán y Washington.
La Guardia Revolucionaria Iraní ha atacado la torre de observación de la Quinta Flota estadounidense en Baréin y la base estadounidense Al-Adiri en Kuwait. También ha bombardeado instalaciones de la empresa estadounidense Amazon en el mismo país.
Footage of an Iranian ballistic missile slamming into the headquarters of the US Navy's 5th Fleet at Naval Support Activity (NSA) Bahrain earlier today. pic.twitter.com/6omkCrLy2u
— OSINTtechnical (@Osinttechnical) February 28, 2026
Además, el régimen de los ayatolás ha informado de que, desde la ruptura de la tregua entre ambos países (el pasado 8 de julio), un total de 55 iraníes han fallecido y 669 personas resultaron heridas por culpa de los ataques estadounidenses.
Newly released footage of US forces bombing Iranian targets for the 13th night in a row.
— OSINTtechnical (@Osinttechnical) July 24, 2026
Strikes can be seen targeting Iranian missile launchers and small boats. pic.twitter.com/rcmircuDdP
Cabe recordar que el presidente de EEUU Donald Trump, en esa fecha (8 de julio) consideró acabada la tregua y el memorando de entendimiento entre ambos países (firmado el 17 de junio) y dio inicio a una serie de ataques contra Irán, tras los bombardeos iraníes contra buques comerciales en el estratégico estrecho de Ormuz, donde en la actualidad, el tráfico marítimo continúa alterado.
Asimismo, los hutíes de Yemen (proiraníes) están atacando petroleros saudíes en el mar Rojo.
EEUU cree fundamental garantizar la libertad de navegación en el Golfo Pérsico por lo que ha advertido a Teherán de que si la dificulta, ello traerá consecuencias.
En este contexto, recientemente EEUU firmó un acuerdo nuclear con Arabia Saudí, pero bajo la condición de que los árabes normalicen sus relaciones con Israel. Ese acuerdo posibilitaría a Arabia Saudí desarrollar determinadas capacidades relacionadas con el enriquecimiento de uranio, algo que ha sido criticado por políticos norteamericanos. En virtud de ese acuerdo, empresas estadounidenses se verían favorecidas en la adjudicación de contratos saudíes, como por ejemplo para la fabricación de reactores.










