San Ildefonso, cuya fiesta celebramos hoy, 23 de enero, es el hombre que da forma a los orígenes cristianos de España, es decir, a España, que no existiría si no fuera por la fe cristiana y tendría personalidad si no fuera por su amor a María. Recuerden que el gran obispo de Toledo vive en el trascendental siglo Séptimo (el amigo Ildefonso nace en 606 y muere en 667). 

Recuerden que Recaredo declara la unidad de España alrededor del cristianismo, uniendo así a la sociedad hispano-romana y a la visigoda (algo así como hermanar hoy a Cataluña con Madrid) y rompiendo definitivamente con el arrianismo.

El arrianismo fue algo parecido a los pesaditos del clero germano, la rebelión actual de los obispos alemanes contra Roma. Sólo que los arrianos hablaban de una cuestión más grave, la naturaleza de Jesucristo, mientras que los pesaditos purpurados teutones tan sólo enarbolan la mucho más frívola teología de la bragueta.

Total que el Rey Recadero (año 587) rompe definitivamente con dos siglos de arrianismo y, con él, toda la nobleza goda acaba proclamando la verdad de Cristo, Dios y hombre verdadero. 

Es el nacimiento de la España oficialmente cristiana, en el 587. Menos de 20 años después, vino al mundo Ildefonso, quien se convierte en el personaje completo, prototipo de los dos concilios históricos de Nicea (325) y Éfeso (431). El primero aclaró a Arrio y a unas doce herejías más, la cuestión cristológica: Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre. El segundo, Éfeso, aportará además otra cuestión: la Virgen María es madre de Dios.

¿Acaso puede ser la Virgen, una pobre hebrea, madre de Dios y no, tan sólo, de un hombre magnífico? Pues sí, responde la Iglesia y acredita el mayor intelectual de su tiempo, San Ildefonso: puede serlo y lo es. 

La personalidad española no es más que eso que el obispo de Toledo, el gran defensor de María, certificó en el siglo séptimo y que ungió la unidad de España para siempre: desde entonces, España sería la 'Tierra de María' y descubrirá al mundo que a Jesús siempre se va, y se vuelve, por María.

¿Y el arriasnimo llega hasta hoy? Por supuesto. Lo verán ustedes en esa actriz que decía que "Cristo fue un gran hombre pero, claro, tanto como Dios... eso es demasiado". ¿Que la obsesión por desposeer a María de todos sus títulos no terminó con el luteranismo? Por supuesto que no. Incluso yo diría que esta plaga se ha introducido incluso en algunos ambientes vaticanos pero no, no me harán entrar en esto.

Total, hoy es san Ildefonso, el intelectual español que entierra al cura Arrio (que no era godo, sino libio-egipcio) pero que aclaró las cosas también en lo que hoy llamaríamos Alemania (el mundo godo) y que, además, Forjó el alma española alrededor del amor a Santa María, virgen y madre, inmaculada y asunta. Por ahora, oficialmente, aún no corredentora, qué le vamos a hacer.

Por cierto, se levanta San Ildefonso de la tumba y saca, a tozolones del Vaticano a un tal Tucho.

Todo español debería conocer la vida de San Ildefonso obispo de Toledo.