Sr. Director:
Pamplona en tiempo de San Fermín era simplemente Pompelón, una insignificante aglomeración urbana fundada por los romanos, presidiendo en el centro de la tierra navarra, sobre una llanura rodeada de montañas. Según Estrabón, historiador romano; sobre la Jacetania, hacia el norte, habitan los vascones, en cuyo territorio se halla Pompelón.
Hoy Pamplona por sus encierros, por sus carreras, por sus osados mozos que llegan de muchas partes y que se exponen a jugarse la vida, es un punto de confluencia mundial por sus espectaculares carreras ante peligrosos y fieros cornúpetas, simuladas por la Inteligencia Artificial.
Los habitantes de Pompelón eran en su inmensa mayoría paganos gentiles. En la Pamplona de hoy se impone contra viento marea una secularización política que cuestiona su tradicional fe cristiana que la ha hecho grande. San Fermín, su santo patrono, era hijo de Firmo y Eugenia, paganos conversos a la fe en Cristo, que procuraron con empeño y diligencia que su joven hijo fuese educado en la fe de Cristo por Honesto, un misionero llegado de Francia. El interés y la dedicación del joven creyente Fermín, motivó que sus padres lo enviaron a Tolosa; con el magisterio de Honorato Obispo, llegó a ser presbítero y posteriormente obispo de su ciudad natal Pamplona. Su celo episcopal fue tan intenso que recorrió todo su territorio para ganar a los navarros para Jesucristo. Cuando tuvo su diócesis bien organizada, se fue como misionero por otros mundos a predicar el Evangelio. Recorrió Francia y llegó a los Países Bajos. Eran tiempos duros de persecuciones contra los cristianos iniciadas por Nerón y concluidas por Diocleciano, en todo el imperio. San Fermin fue preso y encarcelado y torturado según la terrible forma romana de conseguir la apostasía, no lo lograron, pero hicieron lo peor: le cortaron la cabeza. Los cristinos celebraron su fiesta el día 25 de septiembre. Pero Pamplona celebra su fiesta litúrgica el 7 de julio. Siempre se ha celebrado con procesiones, salves (¿hoy cuestionadas?) con encierros que han hecho de San Fermín patrono de los encierros y del POBRE DE MÍ.









